Ciudadanía para el desarrollo social
Alguien decía que la sociedad tiene a las personas que se merece. Y Séneca afirmaba que quien no sabe hacia dónde va, cualquier camino le es favorable. Sin embargo, hay una expresión muy común: el mundo está loco, y los jóvenes lo direccionan. ¿Qué está pasando hoy?
Es posible que haya muchas respuestas y explicaciones. Probablemente estén escritas muchas tesis y teorías al respecto … pero me parece que vale la pena que pedagogos, gobiernos, Estado, orientadores y, por supuesto, la familia, convinieran espacios para deliberar y concertar sobre este tipo de problemáticas que aqueja, cada vez más, a niños, jóvenes y adultos. Es decir, exhortarlos a hablar de ciudadanía y a construir ciudadanía para generar cambios de actitud y de mentalidad.
Pues Colombia, ha centrado su sistema de educación, en esta materia, en aspectos como los derechos y los deberes; los mecanismos electorales y la estructura del Estado; y los fundamentos de la Constitución Política; descuidando temáticas como el respeto por el otro, el valor de la diferencia, el diálogo, la concertación, la civilidad, y la resolución pacífica de conflictos, entre otros.
El argentino Carlos Cullen, experto en el tema, sostiene que es preciso fortalecer, en los niños y jóvenes, la capacidad de resolver conflictos por la vía del diálogo y de la argumentación de sus ideas. Es urgente que aprendan a respetar a los otros, a llegar a consensos o disensos sobre la base de que todos piensan distinto, y a entender el concepto de participar, ojalá comenzando por la familia y la escuela. Es decir, es indispensable que se aprenda a ser personas y a convivir con nuestros semejantes en armonía con la naturaleza.
En otras palabras, es propender por un modelo que trascienda el hecho de aprenderse la Carta Magna … solamente.
El Ministerio de Educación Nacional el año pasado organizó el “Foro nacional de educación, formar para la ciudadanía es educar para la paz”, donde tuvo lugar un provechoso debate sobre la importancia de retomar los valores y fomentar ciudadanía. Es un buen comienzo, pero se necesitan más actos y gestiones para que esta iniciativa no se quede en el camino como muchas otras nobles ideas. Creo que es necesario establecer una programación que incluya planes, proyectos y propuestas viables y efectivas. Pero, por supuesto, hay que comenzar ya y desde cada lugar donde estemos.
No olvidemos que las sociedades que no forman en ciudadanía se convierten paulatinamente en focos de violencia, intolerancia, irrespeto, y delincuencia. No en vano, el “bullyng” se convirtió en un problema nacional en el ambiente escolar. Y las razones son muchas y variadas, pero, por ejemplo, sorprende, el hecho de que siete de cada diez docentes colombianos ignoran la pedagogía sobre formación ciudadana, impidiendo que estudiantes y colegas tengan una cosmovisión de este tema.
Estamos a tiempo de crear y re-crear una sociedad distinta, más desarrollada y más humana. Y en ello, es importante tener conciencia de aspectos más reales y menos simbólicos. Creo que tanto simbolismo y culto a la bandera, a los himnos y a los próceres de la patria, no contribuye a crear ciudadanos más sensibles y colaborativos.
En consonancia con esta situación, el actual gobierno anunció en el 2013 que el BID otorgó a Colombia un crédito por 12 millones de dólares para desarrollar programas encaminados a formar en ciudadanía. Ojalá se utilice para ello … pues, por ahí debe comenzar la ciudadanía.
Se necesitan programas que, de manera integral, busquen construir desde la diferencia, que se señalen tanto los deberes como los derechos; las oportunidades, las propuestas incluyentes donde, valga la redundancia, todos quepan dentro de un proyecto social que redunde en beneficios de la calidad de vida, del crecimiento social. Pues vivir con las mínimas condiciones satisfechas también es ciudadanía. Poder formar a una familia conforme a las condiciones humanas, también es ciudadanía.
