Ciudad verde
Por Dilberto Trujillo
Una ciudad que sea incluyente no solamente debe construir la infraestructura física (vías, sistema de transporte, centros comerciales) para sus ciudadanos sino que debe también construir o adecuar los espacios verdes para garantizar una vida integral que vincule a cada ciudadano con los otros y con la sociedad.
Durante muchos años imperó en nuestras ciudades lo que alguien llamaba de manera justa, la “cultura del cemento”, es decir se priorizó la inversión en obras materiales abandonando y en algunas ocasiones sacrificando, el medio ambiente y los espacios de encuentro.
La ciudad se diseñó para que los ciudadanos no se encuentren con sus otros sino para que transiten, se movilicen, se muevan, éste enfoque hizo que en nuestras ciudades se fortaleciera el individuo y no la sociedad, los comportamientos individuales y no colectivos; es decir se construyen espacios para parquear nuestro carro, vías para transitar más rápido (ni siquiera ciclovías), centros comerciales para ir a comprar no para irnos a encontrar (consumismo).
Neiva, no ha sido ajena a éste comportamiento y es una lógica estrictamente electoral, cada alcalde quiere dejar una obra en cemento para que lo recuerden, para demostrar que su gestión dio buenos resultados; y es así que hoy encontramos MERCANEIVA, el Malecón del Rio Magdalena, la autopista Galindo, entre otras. Pero falta algo muy importante, es donde están los sitios de encuentro, los espacios verdes que también sirven para evitar los efectos negativos del cambio climático.
Hoy Neiva le dio la espalda a uno de los sitios mas bellos que tiene la ciudad, la pequeña cuenca de la quebrada Curíbano (La Toma), un verdadero paraíso donde se encuentra la diversidad de nuestra flora de bosque seco tropical, aves, reptiles, peces, hoy es un buen ejemplo de lo que no se debe hacer con las áreas verdes de una ciudad.
La Curíbano ha resistido todo tipo de ataques para destruirla, construir donde ésta su nacimiento, verter las aguas residuales, deforestar sus orillas, basurero de la ciudad, y la pequeña quebrada de una manera terca se resiste a morir como diciendo “si yo muero la ciudad también lo hará”.
Hoy tenenos una oportunidad histórica para recuperar la cuenca de La Curíbano, de convertirla en aula de clase de los estudiantes de colegios y universidades, de hacer un espacio donde las familias se paseen con sus hijos en un ambiente de encuentro con la naturaleza, de tener un pulmón dentro de la ciudad que mitigue los impactos negativos del cambio climático, de tener un reservorio natural que absorba las altas temperaturas de la ciudad, es decir un espacio verde para la vida.
Por eso sería importante que la Administración municipal diera el primer paso y declarara ésta zona como un “Parque Natural Urbano” (primero en el país) o en una “Área de Protección Especial”, de definiera sus límites y que elaborará un Plan de manejo de la pequeña cuenca.
Ya la sociedad civil se pronunció hace algunos años cuando envío un proyecto de acuerdo al Consejo de Neiva y que fue rechazado.
