martes, 14 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-12-15 08:27

Cinismo

Luis Miguel Flórez Saab

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 15 de 2015

Curiosa la evolución negativa de esta palabra, que hoy representa todo lo contrario a sus orígenes:  el Cinismo fue en la antigua Grecia, tanto una filosofía como un modo de vida, fundado en torno a una irreverente crítica de las conveniencias sociales, la exigencia de la igualdad social, la fidelidad al rigor moral y el retorno a la naturaleza, lo que suponía la reducción al mínimo de las necesidades humanas.

En el lenguaje coloquial, el término tiene en nuestro tiempo, un significado  despectivo. Es la falta de vergüenza a la hora de mentir o defender acciones que son condenables. Dejó de ser una doctrina, para convertirse en un adjetivo que algunos se cuelgan, como si fuera una honrosa medalla que exhibir. No dejaría de ser uno más de los feos lunares de la condición humana, si dicho comportamiento censurable no se estuviera convirtiendo en signo distintivo de no pocos políticos y funcionarios públicos. En particular, de algunos que por su alta investidura y visibilidad, tienen la prioritaria obligación de influir positivamente en sus administrados y en la sociedad, con una conducta íntegra y ejemplar.

Por estos días, hay dos casos de resonancia en nuestro país que han generado el unánime rechazo ciudadano. De un lado, el Fiscal General, Eduardo Montealegre, dueño además de una soberbia descomunal, - criticado por la forma errática e improvisada con la que ha gestionado esta institución-, en un acto de cinismo y provocación, decidió condecorar a Natalia Springer, contratista en entredicho por los cuantiosos contratos suscritos con la Fiscalía, y el discutible valor de sus investigaciones.

Y de otra parte, el General Rodolfo Palomino, Director de la Policía Nacional, enredado con turbias actuaciones suyas o de colaboradores de su confianza, ha desatado una de las crisis más serias de liderazgo y credibilidad que ha vivido esta noble institución recientemente. Algo inadmisible en un país asediado por la criminalidad y la violencia. 

El efecto pernicioso de estos casos de desvergüenza oficial, se agudiza aun más, con una actitud del gobierno nacional, que se bambolea entre la pasividad y la negligencia. Por lo menos en el caso del Director de la Policía, donde tiene injerencia directa, el Presidente debería tomar una decisión drástica y definitiva.   

A la ausencia de un liderazgo ético, hay que añadirle la fragilidad de los sistemas de contrapeso y control eficiente, que debieran existir para la actuación del Fiscal, e igualmente para la Policía. Ningún gobierno puede perder de vista que para mantener una administración eficaz, debe contar con individuos honorables. Y es aquí donde la ética cobra importancia al seleccionar los perfiles, formar y reiterar a los servidores públicos la necesidad de hacer bien sus tareas y actuar con responsabilidad y sentido del deber.

Es lamentable que estos principios fundamentales se vengan deteriorando en el ámbito público. Llegar a las más altas dignidades del Estado, a algunos les hace perder el piso, alejándose en su arrogancia del interés colectivo. Desde arriba, el mal ejemplo se propaga rápidamente. Resulta inevitable en estas circunstancias acudir a la socorrida cita bíblica:  Y si la sal se corrompe?