Chikunguña: muertes que pudimos evitar
Por Rodrigo Lara Sánchez
El Chikunguña, una enfermedad endémica en países del sudeste de Asia, África, Oceanía, y últimamente presente en América, es una entidad caracterizada principalmente por fiebre alta y dolores articulares. Si bien la mayor parte de los casos mejoran espontáneamente y no generan mayores secuelas, existe una población de riesgo como las personas mayores, niños, mujeres en embarazo y aquellas con patologías asociadas, a quienes la enfermedad los puede llevar a la muerte, o dejar secuelas permanentes como dolores articulares que limitan la actividad normal.
Debemos entender que se trata entonces de una enfermedad que implica un riesgo cierto de muerte. Según el último reporte de mortalidad por chikunguña, publicado el pasado 27 de abril en el boletín epidemiológico del Ministerio de Salud, en Colombia se habían notificado 43 muertes por el virus. En el Huila –dice el informe- se registraron tres muertes a causa de esta penosa y dolorosa enfermedad, que ha afectado a gran parte de los habitantes de este territorio, sin distingo alguno. El chikunguña, enfermedad transmitida por un vector, el mosquito Aedes Aegypti, ha logrado generar una verdadera emergencia sanitaria en el país.
Debido a la ausencia de un tratamiento específico y de una vacuna efectiva, la prevención primaria mediante acciones de modificación de los factores de riesgo, tales como medidas de protección particulares para la población (uso de toldillos y repelentes), así como la eliminación de los zancudos, reduciendo las áreas de reproducción, se convierte en la mejor herramienta a la hora de enfrentar esta enfermedad.
Pero por desgracia y como suele suceder en este país, las medidas preventivas contra el chikunguña fueron paños de agua tibia, que no impidieron el avance de la enfermedad por todo el territorio. Hoy en día lamentamos profundamente las muertes que pudieron prevenirse con un adecuado manejo de la epidemia, llevando a cabo medidas reales de prevención e identificación de la misma, mediante un acertado programa de vigilancia epidemiológica, educando a la población y vinculándolos en programas de control y prevención de la enfermedad.
Es posible luchar y controlar enfermedades como el dengue y el chikunguña, países como Singapur son ejemplo en la intervención de estas enfermedades; su éxito se basa en la adecuada prevención y vigilancia epidemiológica, hechos que permiten una temprana identificación de casos, su geo-referencia, y de esta manera poder desarrollar medidas dirigidas a evitar su propagación.
Finalmente debemos tener claro que para el chikunguña existe más que el guarapo y el acetaminofén, se llama la prevención primaria. Estos hechos se convierten en un llamado a los entes de salud y a la comunidad, responsables todos del control de esta dolorosa enfermedad, que ojalá no llegue a generar más muertes que lamentar.
