Celebre el bien
Froilán Casas
En esta trasmutación de los valores, el imaginario cultural con alguna frecuencia llama al mal bien y al bien mal. Hoy al ladrón se le llama vivo y al honrado tonto, no ha sabido “aprovechar” el cuarto de hora. Hoy se le llama a la prostitución, trabajo sexual; hoy se le llama a la fidelidad conyugal esclavitud y al adulterio, liberación. El mal llamado “libre desarrollo de la personalidad”, ha permitido toda clase de atropellos a quienes piensan distinto o quieren seguir unas normas de convivencia. Los llamados derechos individuales masacran los derechos colectivos y, no se puede decir nada: se es calificado de anticuado, troglodita y cuantos epítetos groseros puedan pronunciarse. La gente, lamentablemente, admira con frecuencia al pillo; se conduele más del victimario que de la víctima. El colectivo social confunde complicidad con solidaridad. Cuando usted calla, otorga. Decía el gran Alma Grande, Gandhi: es más grave la falta de los honestos cuando callan la maldad de los malvados. En el colectivo cultural hay una especie de “conducta vergonzante”: da miedo expresar los sentimientos religiosos en público, da miedo expresar la otra opinión política, da miedo expresar amor por la castidad, por la fidelidad, por defender el matrimonio entre un varón y una mujer. Por respetar todo, fácilmente nos dejamos irrespetar; aparece la ley del embudo, a saber: lo ancho para usted y lo angosto para mí. Los derechos de los niños quieren sacar de tajo la patria potestad de los padres; los estudiantes siempre tienen la razón, si un muchacho pierde el año, la culpa es de la institución educativa. El Estado, quiere en forma sutil, por el momento, quitarle a los padres la formación de sus hijos, todo lo quiere hacer el Estado, hasta imponerles parámetros de conducta sexual: en nombre de la democracia, ¡cuántos crímenes se cometen! Ciertos estamentos del Estado a nivel nacional, “legislan” a espaldas de las creencias y de la cultura de la mayoría del pueblo colombiano, ¿a eso llaman democracia? Democracia cuando nos conviene, democracia cuando ganamos en las elecciones, si las perdemos, se pretende anularlas. Se defiende la vida de los animales, lo cual es bueno, sí, pero a la par se proclama a todos los vientos el “derecho” de las mujeres a abortar. El derecho a la vida está siendo limitado por las leyes humanas, quebrantando la ley natural y por ende la ley divina. La medicina en cambio de luchar contra la enfermedad, quiere matar al enfermo. La eugenesia que debe luchar para lograr la calidad de vida, mata la vida cuando, según ellos, tiene alguna malformación. Se alaba al corrupto funcionario que llega tarde a su trabajo, que pone “peajes” cuando le solicitan servicios, a los cuales tiene la obligación de responder, para eso le pagan, gracias a nuestros impuestos o al aporte de los clientes. La tergiversación de los valores ya lo anunciaba el libro Santo: “¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad, que dan amargo por dulce y dulce por amargo!”. La escena se sigue repitiendo, con la aquiescencia de muchos.
