Cavilando
Ernesto Cabrera
Tengo la sensación que por esta época poco importan las ideas, poco interesa saber lo que piensan los candidatos políticos, a la gente le interesa más saber cómo son y que van a hacer.
Quieren saber si se van para el Huila a bambuquear y si Vargas Lleras el “delfín retardado” ha dejado de fumar. Si De La Calle, ateo, conquista al país católico. Si Galán como el Simón de Pombo es así o peor. Si Gaviria y Córdoba, tienen pareja. Si la López es beligerante y bulliciosa y también honesta. Si Robledo vacaciona en Miami, y si Petro, lo están examinando cada día más de cerca, es un “bicho” raro y la gente quiere saber cómo vive su íntima oligarquía.
La política, se ha personalizado. Pocos preguntan si el candidato es liberal o conservador, si es de izquierda, de centro o de derecha. Muchos se preguntan por su comportamiento, sus amistades, sus pecados de familia, por el esqueleto que quizá guarda en un closet. La personalización en esta era de cámaras ocultas y “chuzadas” no es solo un hecho local. Recuerdo que nunca un presidente ha sido indagado en sus hábitos sexuales como Clinton. ¿A quién le importaba si Kennedy era mujeriego? ¿A quién le importan las ideas de Clinton?
Cuando los políticos eran políticos a nadie se le ocurría revisar sus costumbres privadas. Se presumía, al contrario, la honestidad personal. Se indagaban, eso sí, las ideas, todavía el periodismo discutía las plataformas de los candidatos, sus ideas encontradas, sin que se pusiera en duda la integridad moral de quienes las anunciaban. Hoy, el periodismo se suma a la sospecha generalizada. ¿Cómo son? ¿Qué ocultan? ¿Nos dicen la verdad?
Si no hay lucha de ideas, entonces sigamos las conductas, nos ha de interesar el hombre o mujer que saque adelante lo que todos queremos, que haga un capitalismo de progreso y una democracia trasparente, sin mentiras ni odios, con justicia que compense a todos quienes atestiguamos corrupción y violencia y desaparezca esta clase deprimente que desbanco las ideas y los partidos y que ha generado una sociedad inquisitiva y desconfiada. Claro es obvio de los que hasta ahora se han ofrecido no hay con quien.
PUA: Quien se atreva a salir de candidato e intente blindar su vida privada le resulta más fácil irse a vivir al campo, allí las vacas no preguntan. El espionaje está de moda.
