viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-06-02 09:01

Cavilando

Ernesto Cabrera

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 02 de 2017

Al paro del magisterio por merecidas e inmerecidas razones, el presidente responde; “no hay plata”, ¿entonces el 18% DEL PIB presupuestado en 2016 qué? Buena parte de ese recurso paró en universidades privadas. A los históricos errores en la educación nacional este gobierno ha seguido sumando.

La poda a la educación, configura una tragedia, porque ampliar y profundizar la educación es la asignatura pendiente más importante que aún debemos aprobar camino al desarrollo. Si todo lo demás falla salvo la educación, aún hay esperanzas. Si nada falla, pero sí la educación, el futuro está vedado.

El autodidacta Estanislao Zuleta dijo; “La educación fracasa, porque no está diseñada para la formación integral de la persona, sino para suplir las necesidades del sistema y para mantener una ilusión”.

Adicional apreciamos que en el proceso de la enseñanza no hay mística ni amor. El entusiasmo de alumnos y profesores es raquítico, desapasionado, el estudiante no hace suyo el conocimiento: Hablando de marchas, es probable que se obligue a hacerlo,  pero no se obliga  a pensar y a sentir pasión por lo que se enseña.

Otra desgracia es que la educación verticalizada;  del maestro (la fuente) al estudiante (el recipiente) pasó, no se puede  despreciar los saberes y sentimientos del alumno, ahora inmersos en tecnología (Millennial) reprochando maestros incapacitados por desconocimiento y falta de pasión. ¿Así se van a formar los líderes del 2030?

Freud decía “Todo niño nace investigador, está lleno de asombro, juegos, preguntas y curiosidad. En dos o tres años, la escuela mata todo esto”. Cuando un error se suma a otros, entre todos causan lo que ninguno de ellos había provocado por sí solo.

Existen dos errores básicos en la actual situación de la educación nacional, no se ha entendido lo que se ha demostrado con amplitud, que no hay ninguna otra inversión más productiva que la que se vuelca sobre un niño. Pero se cree todavía, que la educación no es una inversión sino apenas un gasto: lo primero que se poda cuando aprieta la escasez.

El segundo error apunta en la buena dirección, porque es sólo a partir de una remuneración digna que se podrá exigir a los maestros el enorme esfuerzo de actualización que les está faltando.