Cavilando
Ernesto Cabrera
Van a volver los paros generales. Si se atiende el descreimiento en el gobierno podría afirmarse que la mayoría de los colombianos respalda la protesta.
Se volvió costumbre, el presidente Juan Manuel Santos miente a diario con descaro e insolencia; sus últimas víctimas son los más pobres, los trabajadores asalariados, a quienes prometió y juró restablecería los recargos nocturnos (Para un trabajador colombiano de salario mínimo el día dura 18 horas, pues el gobierno sólo le reconoce recargos nocturnos después de las diez de la noche) Mauricio Cárdenas, el ministro de hacienda cínicamente salió a culpar a los trabajadores en tanto que la izquierda con ministra a bordo –Clara López- que también dio su palabra no fue capaz de abogar por ellos.
El Gobierno en pleno sufre una especie de "autismo" si bien la voluntad del pueblo se expresa cada cuatro años. La voz del pueblo debe escucharse todos los días, pero en la realidad ahora vemos que lo que piensa el pueblo ya no le interesa a al gobierno y en ningún despacho oficial, son las calles y los cafés, donde se vuelca el mal humor.
¿Quién representa al pueblo colombiano?, el pueblo y su voluntad eligieron y nada sustituye esa voluntad, hoy, ese mismo pueblo se queja y es el mayor descreído. Pero de igual manera los opositores no pueden deducir que representan la voz del pueblo por exitosas que resulten sus protestas. De la voz a la voluntad media una distancia imposible de salvar al margen de las votaciones periódicas.
Las protestas que se avecinan llevan a muchos que votaron a Santos. ¿Volverán a caer? Nadie lo sabe. No es imposible que muchos de aquellos que protesten voten de nuevo a los mismos por falta de mejores opciones. Es que la expresión de una protesta no coincide necesariamente con la expresión del voto. La protesta expresa lo que no se quiere, el voto expresa lo que se quiere.
A ese panorama se suma la intolerancia de la derecha y el populismo de la izquierda que igual van a arreciar en protestas por las desastrosas acciones de los ministros de hacienda y trabajo, golpeando con indiferencia y el me- importa – culismo – a los trabajadores más pobres de este país, los asalariados nocturnos.
