Cavilando
Ernesto Cabrera
¿Repetirá el pueblo de Venezuela su error? Ofrecieron el “Si” a Chávez y les engendró una dictadura. Maduro, incapaz de gobernar sin terror y decencia, ofrece a sus compatriotas lo que jamás pidieron; una constituyente que le dé perpetuidad en el poder. A costa de su propia vida los venezolanos se han lanzado a evitar la más perversa acción de su presidente.
La historia prueba abrumadoramente que el poder vitalicio de un hombre trae consigo innumerables abusos. "El poder corrompe. El poder absoluto corrompe absolutamente". Esta famosa frase de lord Acton, más que una demostración de ingenio, es la reacción de un observador racional ante una realidad mil veces confirmada. Es para contrarrestarla, precisamente, que han nacido instituciones como la división de los poderes y la fijación de plazos a la ambición de los gobernantes.
Muchos pudimos llegar a pensar que, a cambio de esta mutilación institucional, Maduro, ahora y Chávez antes, le generaron al pueblo venezolano amplios beneficios económicos y sociales. Pero nunca se redujo el círculo agobiante de la pobreza, ahora el poder se enquistó en las sienes del militar Diosdado y su necio presidente, que ha perdido la oportunidad de manejar con prudencia los ingentes recursos del petróleo. El despilfarro provoca una incansable descomposición. Si Acton se levantara de su tumba, ¿no vería en Maduro una dolorosa confirmación de su famosa advertencia?
Si el pueblo de Venezuela permite la constituyente de Maduro, es decir seguir apoyando a un gobernante que, por lo visto, no le conviene, se equivocan. Ahora los pueblos, ¿pueden entonces equivocarse? Si, ¿Cuantas veces? En ninguna parte está escrito que los pueblos sean infalibles. Un pueblo tan culto como el alemán votó alguna vez por Hitler y otro tan inocente como el colombiano lo hizo por Samper y dos veces por Santos. Si los hombres se equivocan, ¿por qué no pueden equivocarse también esos conjuntos humanos que son los pueblos? La democracia no es infalible pero si soberana del pueblo, con sus aciertos y sus errores, determina que es el pueblo quien manda.
“Es la única cosa que no le hemos pedido a este gobierno y que nos quiere dar, una constituyente a la cubana para quedarse con el país. ¡Pues no se lo vamos a dar!”. Gritó una joven en la minada Caracas.
