Cavilando
Ernesto Cabrera Tejada
Después de las mentiras y las tragedias, queda el consuelo de saber que, al menos, somos un país representativo. Votamos periódicamente para elegir representantes y sabemos que uno de cada tres colombianos vota en un contexto "clientelista", deben votar por aquellos que supuestamente no va a dejarlos en la calle.
Abraham Lincoln advirtió que "es posible engañar a mucha gente poco tiempo y a poca gente mucho tiempo, pero no a toda la gente todo el tiempo". La exageración se hizo mentira en los políticos y sabemos que mienten salvo las nobles excepciones que discretamente existen, los políticos no suelen decirnos sino aquella parte de la verdad que coincide con sus intereses. Por eso, cuando descubrimos que alguno de ellos mintió, nos agobiamos pero no nos sorprendemos.
Otra cosa ocurre cuando sorprendemos en una mentira a alguien en quien confiábamos ciegamente. Si su actuar es prolífico de tretas, diremos “otro diablo al infierno”, pero si es alguien elevado a la consideración pública como un emocionante ejemplo de sinceridad, de autenticidad y miente, nos perturbamos. A partir de su mentira en un caso concreto, ¿podremos creerle en todo lo demás? Esta es la duda perturbadora.
Cuando mienten los gobiernos, ocultando verdades a las que se tiene derecho, se suceden desgracias como las de Mocoa, advertida y desestimada, como cientos de poblados en el país esperando el colapso natural ante la ciega vista del gobernante, así no se puede… morir para que el gobierno reaccione, y lo peor no sabe cómo reaccionar. Muestra viva de que quienes están allí no se han preparado para gobernar. Pero mentir ahora es su virtud y fotos, muchas fotos.
Hemos sido mentidos como a todos alguna vez un político nos ha mentido. Maquiavelo escribió que "aquel que desee mentir, siempre encontrará a alguien que desea ser mentido". ¿Nosotros?
Es utópico pretender en Colombia una regeneración moral inmediata después de las tragedias y las mentiras, la movilización del sábado pasado es una muestra del inconformismo por los abusos y atropellos, la del sábado fue una semilla que ha de germinar movilizando a toda la nación como lo hace ante las tragedias, incluso no tan naturales como lo de Mocoa y gobernantes no tan mentirosos como Santos.
