Cavilando
Ernesto Cabrera
El balón es el sueño de todo niño, la ilusión de algunos jóvenes y la realidad de pocos hombres. Esa realidad se alcanza en los estadios con camerinos y gramilla, para ellos que se hicieron futbolistas y quienes no pues, esa pasión del futbol nos tocó desde las graderías hechas tribunas.
¿Cómo se concibe entonces un país futbolero sin estadios? La reclamación que se hace muda por parte de los entes responsables de un estadio para Neiva, pareciera quedar en el limbo, vicios, incongruencias, acusaciones, burlas, robo finalmente sin importar que allí la vida se hace futbol.
Cuesta reconocernos futboleros porque algunos creen que disminuye nuestra autoestima. Claro, nos gustaría pensarnos de otra manera, por ejemplo, como una nación imperial, como una nación artística o como una nación guerrera, sería genial pero prefiero futbolera a corrupta y narco terrorista.
Hemos confiado en nuestra vocación futbolera y le hemos apostado al destino, estamos entre los mejores del mundo gracias a voluntades conjuntas. Pero quienes se atrevieron a desestimar esa pasión del fútbol en el Huila, robándose el estadio de Neiva, el único además que existía en la región, nos siguen abriendo los ojos frente a esa irrefutable realidad que no nos deja duda y suele ser paradójico, nos falta mucho pero nos falta poco.
En general los colombianos nos hemos dejado robar; si se hubiera hecho lo que se debió hacer ya no habría ladrones. Pero los tenemos en abundancia. ¿A quiénes culpar por este duro fracaso? ¿A nosotros mismos? ¿A quiénes culpar por el robo del estadio? ¿A nosotros mismos? Es un fracaso tan duro que ni los argumentos más elocuentes lo podrían justificar.
Hace un par de días vimos el rio las Ceibas crecido y lo asemeje a esas administraciones que se robaron el estadio; una turbulencia que en ocasiones no consigue disimular el lodo que lo acecha desde abajo.
Creo que los colombianos estamos llamados a menesteres más altos que el fútbol, pero si algunos se roban esa posibilidad, estamos más cerca de menesteres más bajos y prefiero un país futbolero que un país ladrón.
Más allá del silencio de la prensa deportiva local al respecto, lo importante es saber que estamos en camino, aunque todavía nos falte mucho, pero cada día menos.
