Cavilando
Ernesto Cabrera
Cuando entendí la dificultad del periodismo sin negociar la dignidad quise volver sobre los derechos de la profesión que se hizo oficio. De cualquier manera cada vez me hastió la insensatez.
Explicar que la obligación de la prensa es divulgar correcta, oportuna y verazmente, pero sobre todo con imparcialidad pareciera un discurso superfluo y descontextualizado. La información sale hoy, dependiendo de las simpatías o antipatías del periodista con quien la provoca, ello me convence que la independencia del medio debe ser la misma de su director.
Desnaturalizadas salas de prensa acogen jóvenes periodistas en el drama informativo con desaprensivos jefes, que alardean sobre eso de que “cada periodista debe tener la personalidad del medio para el que trabaja” es pretender una estrella sin firmamento, allí muere el periodista.
Pero la peor afrenta al intelecto periodístico es seguir con impavidez la creciente inclusión de espontáneos ciudadanos que desde las redes alcanzan reconocimiento contando o mostrando un hecho que pudiera hacerse noticia. En esta sociedad inconclusa, en un Estado sin respuestas, con verdades refundidas entre la libertad y la justicia, no puede el periodismo fracasar ante una situación que se hace de sentido común en su condición y que exige indagar, investigar, preguntar, analizar e informar antes que presumir y ajusticiar.
Una merecida atención al periodismo implica la realización permanente de dinámicas de formación expuesta por los mismos periodistas, con críticos sociales, o apasionados escritores, influyentes politólogos, más aún, expertos orientadores del manejo informativo que abonen en su fundamentación.
Años atrás y para esta celebración, en la buena complicidad de Melquisedec Torres, se logró aquí a Héctor Rincón, Salud Hernández, Pastor Virviescas, Sergio Flores, entre otros, una buena lección que no debe perderse.
La celebración del día del periodista, que no son sólo fuentes de información blindándose con gastronómicas atenciones para algunos (poquitos) que son y otros (muchísimos) que intuyen de periodistas debe estar cargada de buenas noticias.
El reconocimiento al ejercicio, pese a las entidades que lo estimulan, ello genera un tufillo de aprensión.
