sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-01-27 11:33

Cavilando

Ernesto Cabrera

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 27 de 2017

Hoy parece que las cosas están como todos los años por esta época. Me divierte este mundo que nos conmueve y cómo algunos piensan que somos majaderos. Pero me alivia que esta sociedad “liquida” pronto cesará el silencio destinado a las tumbas y seremos más optimistas de lo que hoy cuesta.

Las conductas corruptas y mezquinas del poder, la economía rota, una paz remendada, educación hecha cuadernos caros y libros malos, partidos políticos , todos - incluso el que sigo – jironados y ensañados en no ceder a la eterna revolución y seguir ahí, con sus pusilánimes conductas ególatras,  representadas en individuos con soberbia y lengua.

Nos ponemos  melancólicos pero optimista, aprendemos a pensar en todos  y sé que vamos  incluidos en compromisos y  salidas casi sin importar como. La solidaridad no será con unos cuantos, será con todos, igual con generosidad, entusiasmo, coraje para defender esta vida líquida de quienes quieren solidificarla y estacionarnos en cavernas.

En su libro - La vida líquida -, del recién fallecido filosofó polaco Ziygmunt Bauman, realiza el diagnóstico sobre la sociedad en la que vivimos con un criterio demoledor, certero y al mismo tiempo conmovedor.  “Una vida caracterizada por no mantener un rumbo determinado, pues al ser líquida no mantiene mucho tiempo la misma forma. Y ello hace que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre. Así, nuestra principal preocupación es no perder el tren de la actualización ante los rápidos cambios que se producen en nuestro alrededor y no quedar aparcados por obsoletos”. 

Hacemos parte de una sociedad modernista y  no somos modernos, nos falta iniciar o terminar de interpretar el mundo. Recordemos la mítica caverna de Platón, es el tiempo de comprobar que esas formas grotescas de la sociedad no son más que deformaciones provocadas por quienes desean nuestra permanencia en la oscuridad.

¿Cavilamos, expresamos y procedemos al unísono? ¿Nos conocemos nosotros? ¿Vivimos lo que queremos vivir? ¿Luchamos nuestros sueños? ¿Somos conscientes de hacer parte de la Humanidad? ¿Elegimos a quienes en verdad nos representan? El silencio nos hace navegar sin rumbo.

Vivimos un ocaso de los valores humanos, pero detrás de cada ocaso viene una nueva salida del sol.