Cavilando
Ernesto Cabrera Tejada
El fútbol cayó del cielo: ¿murió? La tragedia en él hizo presencia en días pasados y nosotros somos parte de ese sublime mundo: el mundo del fútbol.
Animados por una misma pasión, el mundo es un gran estadio desde el cual contemplamos el fútbol como espectáculo sin importar quién gane o pierda, el hecho es que quienes juegan son actores de esa escala universal y les seguimos en su competencia con fervor. No es cuestión de ser "hincha", es cuestión de vivirlo aunque sea desde afuera.
Hoy no hablamos del Chapecóense, Nacional, Boca, Sao Pablo, Real, Santafé, Alianza, River, América, en el actual drama no hablamos de clubes, hablamos de naciones. Por un instante todos los brasileros, así como todos los colombianos y todo el mundo de naciones sintieron el mismo dolor o la misma ansiedad y han sentido la misma alegría. Cada nación se ha transformado en un solo pueblo, gracias a la gesta del fútbol.
Los medios y sus periodistas ya no sólo informan, más bien comentan lo que todos los demás también han visto, generando con ello un despliegue de energías inmenso.
Hoy el fútbol no muere, pero se muere en el fútbol, también sólo se gana o se pierde y al día siguiente los contendientes se dan la mano y vuelven a competir con los mismos o con otros combatientes, con la esperanza, de nuevo, de vencer. Cuando se muere en el fútbol, se pasa pronto del dolor al homenaje y a la satisfacción de ganar "in memoriam"
¿Dónde están, en el sentido de masificación nuestros sentimientos más profundos? Yo creo que más cercanos al pueblo futbolero que al antagonismo clasista, el sentimiento es uno sólo, lo que pareciera dividirnos nos une, un balón, un deporte, una pasión.
Los colombianos tenemos infinidad de problemas particulares y de colectividad. Pero pienso que una buena receta para enfrentarlos es llevarlos a la simplicidad de los elementos positivos que nos convocan, sigamos vivando a James y a Falcao y vibrando con el fútbol pasado y presente de los que son y de los que fueron, el drama del Chapecóense nos ha puesto frente a un gran espejo y nos ha mostrado lo mejor que tenemos. El fútbol no ha muerto.
Quienes pertenecemos a la ACORD asociación colombiana de redactores deportivos y a la AIPS, Asociación internacional de periodista deportivos, sentimos la desgracia del accidente del Chapecoense, allí quedo igual la vida de 20 periodistas.
