Cavilando
Ernesto Cabrera Tejada
“La gente dice que yo he cambiado”, es la frase de un ex -sicario, “antes disparaba con un arma de fuego ahora disparo con una cámara fotográfica”. Es verdad, es razonable.
Yo también he cambiado antes me creía imperdiblemente razonable ahora entendí que la razón está en cada uno y un consenso implica reconciliación con los contradictorios; no al que crea tener la verdad y la razón última, sino al que tranquilice a su adversario y consiga restaurar la unidad.
A estas alturas del proceso de paz en Colombia podríamos asegurar y exigir a quienes ejercen la vida pública, garantizar la convivencia entre los seres que conformamos esta sociedad. ¿Nada más? Nada menos. Que no nos sigamos matando como hordas incivilizadas.
Que se haya perdido la honestidad intelectual, que el presidente Juan Manuel Santos haya preferido ganar con imposición antes que perder con honor, que contradictores políticos aprovechen el escenario como plataforma de lanzamiento político… todo ello va a encontrar en el Congreso la suficiencia para consolidar en torno al proceso de paz, magullado y anhelado.
Ya somos, nos hemos reconocido, el voto es el último recurso para ganar o perder, los votos del NO tiene tanto imperativo como los que eligieron al Congreso, será legitima su actuación en torno al proceso de paz.
A diferencia de la posición del presidente derrotado, algún sector de las mayorías del NO estamos dispuestos a aceptar, sin que implique subyugo, pero si juicio para entender el momento y la necesidad “aceptar el conejo” y dejar que el ejercicio político intervenga y la historia juzgue.
Las mayoritarias no expresamos la necesidad de buscar la verdad, pero si la necesidad de apaciguar los ánimos hasta que haya paz. Las mayorías vamos a garantizar la paz porque somos más numerosos, no porque tengamos la razón. Es que hay un acuerdo previo sobre el papel de las mayorías: que, sean cuales fueren sus razones, son más, y ésta es, después de todo, su principal razón. Las democracias expresan una verdad a medias tenida por cierta: que se tiene por seguro que cada persona vale un voto y que, valiendo cada persona lo mismo, es decir un voto, la cuenta cierra cuando una lista alcanza la mayoría.
Hemos cambiado, es verdad no discutimos la paz, la exigimos.
