Cavilando
Ernesto Cabrera Tejada
Las reacciones del gobierno después de su derrota del 2 de octubre, van planteando diversas interpretaciones que pasan por delicadas e inconvenientes.
Sentimos que frente a la actitud negadora de la realidad, el gobierno "huyó hacia adelante" al sentenciar que lo que ahora le corresponde es "profundizar el modelo" que se declinó en las urnas, consecuente con la posición “fariana” de no ceder.
El mundo, porque así lo quiso el presidente Santos metió sus narices en el asunto y desde probos analistas pasamos también por las desastrosas y superfluas opiniones de necios y bufones de toda consideración. Que nos llamen, brutos, imbéciles y desafortunados puede interpretarse "comprensible" pero también "inquietante". Lo cierto, primero, es que nadie conoce más del asunto que quienes hemos vivido y correspondido con la propia vida, segundo, que desde afuera las visiones desconocen el pensar “torcido” de quienes se han deleitado en el poder, incluso sembrando terror.
Quienes se enfilan por la más sosegada de las dos interpretaciones, lo que ocurrió fue que el gobierno, dejándose llevar por el triunfalismo que él mismo propagó, no previó lo que harían en el caso de perder. Santos con soberbia meses antes lo descartó. “No tengo plan B porque no hay necesidad de plan B” dijo. Es comprensible que ahora en la derrota no anticipada, tomen tiempo para reconciliarse con la realidad.
De otro lado inquietan absurdas posiciones que controvierten lo alcanzado en el primer acuerdo,- porque sin duda vamos por el segundo- ceder no es perder, imponer no es ganar, sólo es el tiempo de otorgarnos una espera razonable, hasta que elaboren su definitiva decisión que no será la de radicalizar el choque ideológico. Pero igual inquieta saber anticipar una estrategia no sustentable en la Colombia que está naciendo, desahuciando infranqueables posiciones, dimensionando integralmente las respuestas, excluyendo reacciones personalizadas y enardecidas y evitando señalamientos en retrovisor, ello nos aísla de fatales consecuencias.
Se me ocurre un principio conservador por el cual para evitar los grandes cambios es mejor promover algunos menores que vayan descomprimiendo la tensión. ¡Pero que se hagan ya!
