Cavilando
Ernesto Cabrera Tejada
Ningún colombiano bien intencionado debe dejar de desear éxito a todos quienes van a renegociar la paz. Por ellos y por nosotros, por Colombia.
Las condiciones de dignidad, libertad, justicia, perdón, son entre otras las exigencias de todos los colombianos luego del plebiscito, para que en adelante nos vaya bien. ¿Les quedó entendido señores negociadores? ¿Congresistas? ¿Señor presidente? ¿Señores expresidentes?
Es razonable que en un país libre las opiniones estén divididas. Habrá una mayoría y habrá una minoría. ¿La mayoría necesariamente tendrá la razón? ¿O la minoría, por serlo, se equivocará? Es la paradoja de toda democracia, ¿Qué hacer si se comprueba lo contrario?
Ninguno es infalible, cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón. Nos equivocamos por despreciar a los demás, sin saber quiénes y cuántos eran. La razón no equivale a ser infalible, pero sí a rectificar, a ello debemos exigirnos ahora todos.
Las recalcitrantes posiciones de líderes políticos que montaron sus maquinarias en campos de batalla equivocados, expertos internacionalistas con ínfulas eruditas perdidos en sus discernimientos, empresas consultoras, “manipuladoras” cada vez más despreciadas, labriegos de odio, medios sobornados, jóvenes incautos absorbidos en ilusorio nacionalismo, y representantes de varias generaciones cada vez menos ignaras y con más sentido común.
“Perder es ganar un poco” dijo hace unos años el ex técnico de la selección de fútbol de Colombia, Francisco Maturana. Recuerdo como nos burlamos por entenderla como una frase barata de justificación. Que yerro.
Raymond Aron, sociólogo francés preguntó ¿Todo progreso atrae fatalmente una desilusión posterior? Pero, si esto fuera así, ¿cómo avanzaríamos? ¿Hay acaso alguna lógica en esta recurrente seguidilla? ¿Hemos aprendido o son solamente ilusiones? Cada vez que creíamos haber progresado, nos acompañó una desilusión. Pero entonces ¿no habíamos progresado? Suponer que no hemos progresado es inaceptable. Estamos llamados al progreso de alguna manera, es una vocación que no se nos quedará en ilusión.
Somos una Colombia joven con futuro que estamos dispuestos a refrendar con la sensatez que nos da la libertad de exigir y ser exigidos.
