Cavilando
Ernesto Cabrera Tejada
Vivimos de pensamientos e ideas cada día, ocurrencias en torno a todo. Pero ese “realismo fantástico” que desprende del forzamiento de la realidad que el presidente Santos quiere que veamos en el postconflicto, por momentos nos lleva a múltiples utopías. Que los imaginarios geopolíticos del postconflicto que han de acelerar perdones pero no olvidos, no nos lleven al u-thopos que significa “no hay tal lugar”.
¿Qué decir cuando una veintena de criminales pagan sus penas en sendos apartamentos de Cartagena? y ¿qué cuando 4.200 niños sin hogar pierden la posibilidad de tenerlo por la negativa a padres del mismo sexo?, y ¿qué del fracaso ambiental al perder el país 5.694 hectáreas de bosques de parques nacionales en 2015? Todo ello suena tan utópico como las ocurrencias de la guerrilla y del gobierno, pero las nuestra también en un sueño que deambula como un “baloto”.
Creo que en ningún otro lugar del mundo, el voluptuoso imaginario del “realismo mágico” de Gabo, salido de las historias de su abuela conlleva una lección impagable de empatía, utopismo y fe en la humanidad, algo que se asume con dudas por las acciones del gobierno.
Los entornos locales no están ajenos a ese realismo fantástico; en Neiva son apreciables los escenarios públicos con vacíos de mando, evidencia que su fracaso pudieran ser sus errores y que confluyen en falta de autoridad.
El contexto de lo no administrado se provoca en las nocturnales historias de los bares lésbicos a sólo trescientos metros de las puertas de la Alcaldía, y los proxenetas y micro traficantes en los puentes de La Toma. Se requiere un revolcón urbano por alguien que demuestre que tiene pantalones en el mando.
Más realismo fantástico el caso de cómo un periodista es vituperado y amenazado en el intento de ilustrar un contrato sobre el manejo del agua del cual depende la salubridad y la vida de todos los habitantes de la ciudad.
Nadie puede refutar lo no verificable, ni creer que sólo se va a la universidad por conocimiento, o que las ocurrencias diarias de una nueva Colombia no estén sentadas sobre el respeto a la vida, educación, seguridad sin historias del realismo fantástico.
