Cavilando
Ernesto Cabrera Tejada
Lo he reiterado, lo que viene no es sólo el final, sino apenas "un" final de los tantos finales que nos esperan. No basta el silencio de fusiles, ni tampoco creer que la violencia fue una exhalación. Tenemos en frente un nuevo camino, con manifestaciones tímidas, ausentes de realidad, poco menos que un “qué bien” lleno de dudas.
El país no desbordó la alegría que pudiera haber presupuestado algún emisario internacional; el gobierno, pese al querer de todos sus ciudadanos, no ha logrado contagiar con verdadera emoción. Somos receptivos, nos alegran los acuerdos pero somos profundamente escépticos y por ello, aunque le apostamos al SI, es un “sí” sin integridad, el NO también nos llena de razones.
Quisiéramos entrever un gobierno a la altura de la necesidad histórica, sus grandes desafíos, transparentes y sólidos, con consecuentes acciones paralelas que trasmitan coherencia pero sobre todo, credibilidad.
Las herramientas aún por desnudar en el documento de paz del gobierno, que es la compilación de acuerdos en casi cuatro años, pero que en sólo 30 días los ciudadanos deben leer y entender, son inconsecuentes. Existe un afán desmedido del gobierno y el Congreso, estar o no de acuerdo parece irrelevante porque no habrá espacio para ello, el gobierno agrede y, las FARC sin argumentos, nos llenan de aprensión.
La denigración como parte de la naturaleza humana, que es la que se provoca, incluso con razones debe desplazarse por la prudencia, será mejor ahora no pensar mal, sólo nos queda confiar en todos. La incertidumbre es, en tal sentido, nuestro principal enemigo ahora que habrá que vencer al paso del tiempo y el establecimiento de las demandas del documento.
Estamos ante un panorama del camino en dirección a la madurez que nos avizora un “final”. Un “final” que no es el final pero que sí ha de ser contribuyente al logro del respeto por el individuo que está por encima de todo.
En un mundo que deja al desnudo las ambiciones de poder, ya las ideologías no nos pueden ayudar. Quedamos entonces frente a los meros apetitos políticos, a la política en estado puro, ya sin el disfraz mentiroso de sus simulaciones.
PUA: Apenas obvio que el Papa declinara la invitación hecha por el presidente Santos. Venir a revalidar una parte cuando es dueño del todo.
