Causas de una violencia
Por Amadeo González Triviño
No nos cansaremos de repetir que la violencia colombiana es un eterno ciclo de nunca acabar. Se negocia con un grupo de alzados en armas, como se ha advertido en los Acuerdos de la Habana, y todo sigue siendo un país de las incertidumbres, de las muertes, de la injusticia y de la alta criminalidad.
Es por esto que tenemos que repetir hasta la saciedad, que ningún proceso de paz es posible, en la medida en el que la sociedad corrupta siga patrocinando los mismos esquemas sociales y las mismas costumbres políticas, que hemos vivido durante estos setenta años, inmersos en la impunidad cada día más y más grave, como en el paraíso de las injusticias y de las desigualdades sociales que todos conocemos.
Cuando no hay Justicia. Cuando no hay política criminal y cuando no hay posibilidades de recuperar los márgenes de tolerancia y de respeto que todos nos merecemos, es imposible pensar en alcanzar un nivel de convivencia que nos acerque en lo más mínimo a una sociedad ideal, como la que siempre hemos soñado y seguiremos esperando.
El Gobierno Nacional, considera realizado su gestión social, cuando corre a hacerse presente en el momento en el que se presentan las desgracias humanas, ya anticipadas y ya visualizadas desde un primer momento en el que la corrupción se tomó todas las instituciones y pasó por alto los niveles propios del control de desarrollo urbano y de planeación que se corresponde con el crecimiento poblacional colombiano, al permitir entre otros, la explotación irracional de los recursos naturales y generar pobreza y miseria en las gentes más necesitadas.
El país necesita, requiere con urgencia, establecer parámetros mínimos de convivencia. Desarrollar políticas de beneficio social que empiecen por ofrecer educación, salud, empleo y oportunidades económicas a todos los ciudadanos en general. Pero para ello, es necesario y fundamental empezar por desmontar muchas cargas impositivas creadas a la sombra del equilibrio en el gasto público, amen de reducir los sobrecostos en el reconocimiento y pago de salarios a los mas altos funcionarios del Estado, desde los Congresistas, Ministros y Asesores de Despacho, como sucede hoy en día.
Es necesario redistribuir el beneficio social hacia las comunidades. Es necesario revisar a profundidad todo el esquema de solidaridad social colombiana y proyectar una nueva Nación.
Mientras todo esto no se haga posible, seguirá ese desangre que hemos vivido bajo la sombra de una guerra social que no tiene como acabar, más que con los mismos colombianos, más que con la sociedad que cada día se compenetra más y más con el crimen y el delito en sus múltiples manifestaciones.
Ya se ha advertido y todos guardan silencio, de que el genocidio contra la UP ha de repetirse en un ciclo aún más doloroso. Todo por cuanto el establecimiento y las políticas criminales existentes en el país, solo están para garantizar con grandes paquetes de guardaespaldas y equipos de seguridad a disposición de los expresidentes o altos funcionarios que han dejado sus cargos o que se encuentran en ellos actualmente y quienes pudieran pagarse sus propios equipos de seguridad, antes que a ser asistidos por las fuerzas de seguridad del Estado.
Amen de todo lo anterior, es urgente y necesario, el imperio de la autoridad y la transformación total de las políticas criminales, para garantizar en lo más mínimo, ese derecho a la seguridad que todos demandamos en todo momento.
