Catherine
Gloria Cepeda Vargas
La fotografía habla por sí sola: nervudos brazos a la expectativa, piernas felinas recatadas frente al estallido del último zarpazo, mientras la compacta melena se desgarra entre la gritería de la tarde triunfal.
Es Catherine Ibargüen, ganadora el domingo 22 de mayo del salto triple en la válida de Rabat, Marruecos de la Liga de Diamante, con 33 victorias consecutivas y campeona mundial en Moscú (2013) y en Pekín (2015). La antioqueña que desde que espigaba en las calles polvorientas de Apartadó donde nació el 12 de febrero de 1984, decidió echarse a las espaldas carencias y privaciones infinitas para convertirse en la atleta que más brilla en Colombia. Lima, Buenos Aires, México, Mónaco, Helsinki, Moscú, Shangai, son solo algunos de los puntos que marcan su agenda de victorias incontrovertibles.
Atleta disciplinada en longitud, salto de altura y triple salto, luce en el pecho cinco medallas de oro, tres de plata y cinco de bronce. En Londres obtuvo la primera presea de oro para Colombia en la historia del atletismo olímpico y en 1999, con apenas quince años de edad, ganó la primera medalla internacional en el Tercer Campeonato Suramericano de Atletismo.
Entre 1999 y 2015, se alzó con el campeonato en 39 justas deportivas nacionales e internacionales. Hasta ahora domina la Liga de Diamante y sus próximas competencias en esta especialidad, se librarán en Roma (2 de junio), Birmingham (5 de junio), Nueva York (18 de junio) y Mónaco (18 de julio). Tiene como objetivo ganar el oro en Río de Janeiro y reafirmar la supremacía obtenida en el salto triple en los últimos tres años.
Pero al margen de lo que representa como primera atleta mundial en salto triple y más allá de su imagen elogiosamente multiplicada en los medios de comunicación, brilla una sonrisa de 32 años que quizás sin proponérselo, proyecta la imagen más elocuente de lo que significa la mujer colombiana.
Esta muchacha con 1.80 de estatura y flexibilidad de junco, esta antioqueña donde la mixtura racial que nos reafirma pregona su excelencia, esta chica de piernas elásticas y juventud de mimbre, surgida de las oscuridades de una historia que no termina de clarear, se levanta y empieza a escalar una cima siempre desconocida, cantándose a sí misma en su idioma de siglos.
Asombran su piel casi borrada en el fragor del salto, su roce en bandolera, su vibración sincopada, su ojo de águila que avizora el milímetro exacto. Enceguecen su músculos alados, su poderoso viento, su territorialidad sin ataduras. Desconciertan su metamorfosis a la luz de un relámpago, el arco vigilante de sus piernas, el dominio del tiempo.
Dice que confía en su experiencia para enfrentar los Juegos Olímpicos de Río 2016 y que aspira a romper la marca mundial de 15.50 metros conseguido en 1995 por la ucraniana Inessa Kravets, pero asegura que el favoritismo de que goza, “no le dará la victoria”. “El oro olímpico es mi gran sueño pero no me quita el sueño”, afirma, para concluir como en un monólogo: “La única rival a batir en Río, soy yo misma”.
El 30 de julio se dará a conocer el nombre del deportista que portará la bandera colombiana en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos. Son siete los candidatos, todos con los merecimientos suficientes para ser elegidos ¿Será por ventura nuestra máxima atleta la encargada de tan honroso menester? “Solo espero oír el himno de Colombia en cada una de mis presentaciones”, dice. Sí Catherine de Antioquia, de Colombia y del mundo. Solo el himno de este país tan castigado y orgulloso cuando se dignifica con tus alas de luz.
