Castas regionales
Aníbal Charry González
Son las que manejan, quien lo duda, la contratación en materia vial en en beneficio de los políticos corruptos, y por supuesto en detrimento del interés público y el desarrollo regional. Son bandas criminales de las tantas que tenemos, porque así hay que llamarlas sin rodeos, que so capa de financiar las campañas se roban a tutiplén el tesoro público. Eso es bien sabido y es lo que hay que esperar que ocurra en las regiones después de las pasadas elecciones, como ocurrió en el Chocó, donde el gobernador fue imputado por peculado por apropiación por robarse 4000 millones que utilizó para pagar gastos de campaña, por cuenta de un perverso sistema político electoral que es urgente reformar pero imposible de cambiar, porque a estas bandas criminales de la política se les acaba el negocio infame.
Eso es lo que ha dicho con tino el ex superministro Néstor Humberto Martínez, con fundamento en un informe de la Cámara Colombiana de la Infraestructura que concluyó que el 96% de la contratación del transporte en los municipios se adjudicaba a únicos oferentes, que es igual a corrupción, agregando que necesitamos una cirugía profunda para reformar el sistema político, porque de lo contrario no sería posible avanzar. Eso también lo sabemos, pero estamos condenados porque no tenemos cirujanos que la puedan hacer y menos sala de cirugía donde la podamos practicar. Como dijera García Márquez, somos conscientes de nuestros males pero nos desgastamos combatiendo los síntomas, mientras las causas se eternizan por cuenta de estas castas políticas, empeñadas ahora en sacar adelante un proceso de paz como la cura para nuestros males, pero sin reformar la almendra del sistema político para combatir de veras el peor depredador y asesino que tenemos cual es la corrupción.
De nada sirven en este país las alertas contra la corrupción, como lo ha hecho la CCI por boca de su presidente, Juan Martín Caicedo, sino reformamos radicalmente el sistema político electoral que la alimenta, comenzando por reducir drásticamente el tamaño del Congreso que es el principal foco de la pandemia corruptora, con financiación plena de campañas por parte del Estado, entre otras reformas al elenco de actores de este engranaje pérfido, que hace posible que nos quedemos en las alharacas de siempre para seguir fomentando la corrupción de siempre, dándole la razón a los Nule de que ésta lacra es inherente a la condición humana, y por eso no hacemos nada para combatirla.
De nada sirven de contera, las modificaciones que anuncian al régimen de contratación para prevenir la corrupción como la enésima que anuncian, que no es más que atender la fiebre en las sábanas de la enferma Colombia, ni los pactos de trasparencia que pregona el presidente Santos para que la regiones que los hagan reciban más recursos, pues sabemos que los firman los que las gobiernan pero para seguir robando, porque a esas castas corruptas les importa una mierda el progreso regional, pero sí mucho el enriquecimiento ilícito con la contratación pública, que no se podrá conjurar sin cambiar el infecto sistema político electoral.
