Cartas miserables
Por Aníbal Charry González
Tres cartas a cual más miserables por su contenido falaz y canalla al peor estilo de la idiosincrasia nacional, fueron escritas esta semana, que valen la pena dedicarles esta columna para destacar en toda su magnitud su miserableza. La primera en el plano regional, de procaz factura, publicada por los medios morbosamente como denuncia como si se tratara de la comisión de un delito, escrita por su propia sangre que sindica con insidia al médico Rodrigo Lara Sánchez, - el candidato con mayor opción de llegar a la Alcaldía de Neiva -, de mancillar la memoria de su padre por una entrevista que concedió a un programa de televisión, por haber dicho la verdad de que éste no lo reconoció en vida y tuvo que obtener su apellido al cual tenía legítimo derecho como primogénito por vía judicial. Porque no fue más lo que dijo respecto de su padre.
Y es que endilgarle al médico Lara Sánchez por su misma familia que “ensucia la memoria de su padre”, como lo afirma la pérfida carta que tiene como único y malvado fin menoscabar su candidatura, como que pensando con malévolo deseo la misiva afirma que no va a ganar la Alcaldía, no deja de ser miserable, cuando el integérrimo galeno a pesar de no haber sido reconocido por su padre, lo que ha hecho con su destacada parábola vital hecha a base de mérito y propio esfuerzo de profesional de la medicina graduado con honores y magnífico ser humano, es precisamente enaltecerla, sin pretensiones de haber sido ungido por los dioses para usufructuar el legado de su famoso padre.
La segunda carta miserable, es la dirigida con redomado cinismo por el cuestionado magistrado Pretelt que deshonra en grado sumo a la Justicia, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pidiendo garantías considerándose perseguido político porque lo quiere sacar de la Corte el gobierno de Santos por oponerse al proceso de paz y por su cercanía con el expresidente Uribe, cuando su juez natural, la inefable Comisión de Acusaciones a la cual compareció muerto de la risa a rendir indagatoria, no ha acusado a nadie en toda la historia de su inútil existencia.
Y la tercera, no menos miserable, la dirigida por los vástagos de los expresidentes conservadores, Mariano Ospina, Laureano Gómez y Guillermo León Valencia al presidente Santos para endilgarle todos los males de la patria por no haber continuado con el legado corrupto y violento de Uribe, declarándose víctimas de una “innoble trampa”, y arrogándose que el conservatismo fue el que “restableció el equilibrio y la paz y fue el pedestal sobre el que se construyeron las instituciones que terminaron el caos y le dieron vida a una República”, en contravía de nuestra tozuda historia de violencia aupada por sus progenitores que desataron la gran mortandad partidista y dieron origen al conflicto atroz que estamos tratando de superar por quien irónicamente fuera considerado como el presidente Valencia de la paz. Vivir para ver diría López. No podían ser más miserables las cartas de marras.
