Carta de un colombiano en el exterior
Julián Bahamón Falla
Queridos amigos:
Los que me conocen y conocen a mi familia, saben el precio que hemos pagado por defender nuestros valores y principios. El secuestro de mi padre Julio Bahamón Vanegas, la decisión de dejar mi país por un mejor futuro, y la muerte de queridos amigos cercanos de corazón.
Colombia está cerca de finalizar un fin del conflicto armado con las FARC. Justo o no, es un tratado que se acordó a puerta cerrada entre el gobierno de Santos y miembros del grupo subversivo, y que muy posiblemente, se convierta en una realidad en un futuro cercano. No entraré a influenciar la decisión de muchos de ustedes, pero si quiero aportar a su conciencia lo insignificante, a mi juicio, del tratado de paz para los colombianos.
Hoy Colombia me recuerda, décadas atrás, los sentimientos vividos en otros momentos de nuestra historia. La alegría inmensa que sentimos por un supuesto fin del narcotráfico con la muerte de Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín. De una supuesta paz en el campo, con el acuerdo firmado con el M19 después de la toma del Palacio de Justicia, y el pacto celebrado con las Autodefensas, en el gobierno anterior, y la Ley de Justicia y Paz firmada en Santafé de Ralito.
Dicho esto, en el pasado, los acuerdos con grupos al margen de la ley han generado un alivio pasajero, a un síntoma más. No al fin y a la cura de la enfermedad. Han sido como una aspirina a un problema social de escala mundial; la drogadicción, el narcotráfico, y la guerra que consigo llevan, y de cómo dicho conflicto absorbe los sectores marginados de nuestra sociedad.
Si no son las FARC, quien liderará el narcotráfico en Colombia? Quien entonces es?. Quien tomará las riendas de dicho mercado negro? De qué forma y con qué máscara continuará la guerra en Colombia?
Recordemos que tristemente nuestro país es uno de los mayores exportadores de cocaína en el mundo, y por ser el protagonista principal del narcotráfico, la guerra en las selvas y ciudades continuará, y por ende el conflicto estará lejos de acabar. Con o sin las FARC, con o sin Escobar, con o sin el M19, en fin, es una cadena de delitos de nunca acabar.
Esta guerra contra el narcotráfico es la misma que hemos vivido en estas últimas décadas. Y la que ha patrocinado todos los conflictos.
