viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-07-10 09:52

Carta a un joven futbolista colombiano

Apreciado C., quisiera felicitarlo por los 11 años que cumple en agosto.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 10 de 2014

Dicen sus entrenadores que tiene grandes condiciones para jugar al fútbol, así todavía no se haya definido por ninguna posición y siga ensayándolas todas. Le sugiero que cuide mucho la educación —nunca se sabe cuándo el deporte lo saca a uno de taquito—, que compita desde ya en cuanto torneo se le atraviese, que aprenda a usar ambas piernas y que desarrolle una contextura atlética. Por edad, y si se sacrifica en forma dramática, podría aspirar a pertenecer a la selección Colombia que probablemente clasifique para el Mundial de 2022. ¿Más viable la de 2026? Si usted lo dice...

Quisiera hacerle una reflexión sobre lo que vio en estos días en el país. Nuestro balance futbolístico en Brasil fue muy bueno, pero no nos alcanza para calificarlo de extraordinario o de histórico. Desde luego, quedamos entre los ocho mejores del mundo, un gran logro, aunque también perdimos un partido clave contra un equipo, el anfitrión, que dista mucho de estar entre los mejores que han producido los pentacampeones del mundo. No tengo ni idea, a la hora de escribir esta carta, si la selección de Scolari le ganará a Alemania e irá a la final; menos aún sé si una vez allí podrá imponerse, pero me extrañaría y no sólo porque no va a contar con su crack indiscutible: Neymar. Ya, ya, no tiene que recordarme que no estará por cuenta del rodillazo que le aplicó uno de los nuestros. No, yo tampoco creo que Zúñiga haya tratado de hacerle daño a Neymar. ¿Que asimismo nos perjudicó el árbitro? Tal vez, aunque ese no fue el factor decisivo: lo decisivo fue que Colombia jugó mal contra Brasil, así de simple.

Resultó, pues, incompleta la gesta de este equipo incompleto, no sólo por la lesión de Falcao, el delantero indispensable que perdimos por cuenta de una lesión, sino porque en algunos puestos había jugadores de nivel insuficiente: los dos puntas que reemplazaban a Falcao, Teo y Jackson, brillan en sus clubes pero están lejos de contarse entre los mejores del Mundial; Guarín, Ibarbo, Sánchez y Aguilar tampoco estaban en un nivel óptimo, sin que sus posibles sustitutos fueran superiores. La selección de Alemania, por ejemplo, tiene 11 de excelente para arriba.

Pero volvamos por un instante a Colombia; a ver me explico. Este domingo, más que celebrar el regreso de la selección al país, la marejada de gente que salió a la calle le estaba dando la bienvenida a otra cosa: ¿al cambio, al optimismo, al fin de la era de los complejos y la polarización? Mi respuesta sería: a todo lo anterior. El fútbol no era lo de menos, claro que no, si bien había otra cosa en juego, una explosión irracional de alivio colectivo.

Dicho esto, voy a comprarle el optimismo que siente por lo que pasará en unos años. Ya vimos por dónde es la cosa, vimos que hay que espantar a los malandros, vimos que no basta con la habilidad física y que hay que fundamentar mejor a los jugadores, vimos que es esencial que en una Copa Mundo el equipo vaya en crescendo, como han ido los cuatro finalistas, vimos que hay que salir a buscar goleadores al propio nacimiento del Amazonas si es necesario y cuidarlos para que lleguen intactos al Mundial. Resta un elemento fundamental que no es controlable: la suerte, diosa casquivana e infiel por naturaleza. Igual, uno de estos años nos va a favorecer. No puede ser que se vaya siempre con Alemania, Argentina o Brasil.