Carta a mi hijo Sergio
Por Ana María Rincón Herrera
Amado hijo:
Ayer 25 de enero se cumple un año de tu triste partida, y siento como si hubiese sido hoy que nos dejaste.
El dolor que embarga mi alma es sencillamente desgarrador, es un dolor indescriptible que se acrecienta con los días, y es tal el dolor que no desearía que jamás lo sintiera nadie.
Hijo, que iba yo a suponer que un suceso tan violento e inesperado te llevaría lejos de mi lado, cambiando la ley de la vida, partir rápido a tan solo 29 años. Que iba yo a saber cuándo te despediste de mí y que esas lindas palabras que pronunciaste a favor mío serían las últimas.
Pensaría uno que injusto y me pregunto día a día por q me paso esto a mí? Por qué te arrebataría el destino de mi lado.
Sin embargo me lleno de fe y me respondo a mí misma que simplemente son designios de Dios. Porque de lo contrario son sucesos en la vida de uno absolutamente incomprensibles.
No dejo de pensar ni un segundo la alegría que sentiríamos todos y como nos enorgullecería verte alcanzando un peldaño más en tu carrera y en tu proyecto de vida pero el destino hijo es tan incierto. Doy gracias a Dios por haberme permitido tener al hijo más maravilloso que jamás nadie pudo tener o imaginar.
Saber que la única persona, mi único apoyo, mi confidente, mi hombre, mi hijo, mi niño ya no está más conmigo y debo decir que mi vida no es igual, sin tu hermosa presencia.
Este primer año luego de tu triste partida hijo ha sido demasiado duro, siento como que es un sueño del que quisiera despertar, esta es una dura realidad que me tocó afrontar y solo me queda pedir a Dios que me de fuerzas para soportar.
Creo que la vida se me acaba, que todo se termina, pues eras mi única ilusión, ya nada en la vida tiene sentido, pero tú eres mi guía espiritual y me impulsas a seguir cumpliendo con tu legado, siento que me tienes en pie y que gracias a ti estoy escribiéndote.
Ya no tendré la oportunidad de recibir las caricias sinceras, tus besos, tus abrazos, nunca te cansabas de decirme “mamá te amo”. Hoy lloro recordando que dijiste no me dejen morir no puedo dejar a mi mama sola.
Mi hijo y yo fuimos cómplices, reímos muchas veces por los logros y triunfos obtenidos, y también lloramos con las derrotas y malos sucesos, pero siempre dándonos la mano y apoyándonos en todo, con un afecto sublime, el que solo él y yo sabíamos transmitirnos.
No le encuentro explicación del por qué justamente a mi hijo, que tanto amaba y cuidaba la vida y que con sólo 29 años de vida y tantos sueños, me lo arrebataron, todavía no encuentro explicación…. Solo Dios sabe porque me tocó a mí cargar con esta cruz.
Gracias hijo por regalarme los mejores años de mi vida. Te quiero por siempre tu mamá.
