Carlos Julio, el gobernador “incluyente”
Édgar Artunduaga
El término “incluyente”, que casi en todos los discursos utiliza el gobernador Carlos Julio González, se ha vuelto una herramienta poderosa en causas políticas y de género, al punto de que la palabreja se ha abierto paso a codazos en la Real Academia de la Lengua.
En la política se utiliza para “incluir” a todos y todas, llevando a los extremos y el ridículo. El presidente Maduro, de Venezuela, ofreció “libros y libras” a los estudiantes, y se refirió a “liceos y liceas” por construir. Y muchos se preguntan si terminaremos diciendo “periodistas y periodistos”, como sugiere con ironía la colega española Julia Alegre.
En el mundo homosexual se entronizó (la palabra, no hablo de ningún personaje) para forzar el trato igualitario, de tal manera que hombres gay, lesbianas, trans y las otras quinientas formas posibles… no sean marginadas o excluidas.
En el léxico moderno entraron a hacer parte de cualquier diálogo “los amigovios”, “los papichulos” y otras palabras que engrosan el lenguaje incluyente de hoy, alejado del diccionario “Polari”, que utilizaban los del tercero sexo cuando eran perseguidos sin misericordia.
Me parece bien todo lo incluyente que sea el lenguaje y el trato humano, para que un día “perra” deja de ser prostituta, mientras “perro” es un hombre sagaz e inteligente. Lo mismo que “loca” sea una mujer ligera de cascos, mientras “loco” sea sinónimo de brillante y aventurero con éxito.
Carlos Julio se ufana de su gobierno incluyente, seguramente para afianzar la idea de la no discriminación, me imagino que la sexual, porque la política sí es evidente.
La aplanadora familiar no quedó satisfecha con tomarse la gobernación, sino que asumió el control de Comfamiliar (tras compartir y beneficiarse por años de la corrupción de Armando Ariza). Y vienen forzando dominar el Comité de Cafeteros, en varios embates que conllevan la amenaza de retirar los apoyos a ese poderoso sector agrícola del departamento.
Una cosa es el discurso incluyente del gobernador-sicólogo y otra muy distinta su proceder. Y en eso no nos podemos quedar en la verborragia almibarada del funcionario.
Su lema de “primero la educación” suena bonito. Pero cuando se refiere a la mejor alimentación para todos los niños, entro en sospechas. Para nadie es un secreto que su cuñado (el esposo de Cielo) ha construido el más grande emporio económico con el negocio de las raciones escolares, primero en el Huila y después en media Colombia, cambiando de razón social, cada vez que saltan los problemas o las conveniencias burocráticas.
Mientras no tengamos información cierta y fácilmente comprobable sobre sus heroicos esfuerzos por la educación en su gobierno incluyente, yo pienso que están tratando de “incluirse” todo. De engullirse todo, para ser más precisos en el lenguaje burocrático de la corrupción. Y me temo que ya andan “embuchados”.
