Campaña sucia y voto en blanco
Cuando nos encontramos a quince días de las elecciones para Presidente de la República,
y los medios de comunicación hacen su gran carnaval amarillista, entre un proselitismo que se inclina por los dos principales contendientes, con denuncias que demuestran la bajeza de los procedimientos utilizados en esta campaña salpicada por el espionaje y los dólares del narcotráfico y se sacan a colación todos los atropellos y vejámenes del que hace muchos años se conoce en nuestro sistema político colombiano, descubrimos un trasfondo peligroso y sin futuro para nuestra sociedad.
Es que todo esa forma de actuar, que se ha querido mantener siempre en secreto, pero que realmente se ventila y se difunde a los cuatro vientos como lo hacen los medios periodísticos para alcanzar sintonía o bien para justificar su alianza con el monopolio del poder estatal y los jugosos contratos por difundir la defensa de un gobierno que ha perdido todas las formas de gobernabilidad y que ha desmejorado la institucionalidad en todas sus formas, es cuando el voto en blanco, brilla como una luz, al final del túnel, para indicarnos que es el camino más indicado en esta confrontación de manzanillos y de esa escuela politiquera que no respeta ética o moral y que quiere imponerse a la fuerza o con violencia.
Los medios de comunicación han tomado partido. Se han aliado para convalidar al Presidente Candidato, de una parte, mientras que otras fuerzas pretenden reivindicar el camino de aquel que quiere seguir reinando en contubernio con las fuerzas más recalcitrantes de la ultraderecha.
Al parecer, Colombia no podrá limpiar su nombre y revitalizar sus instituciones, mientras estas fuerzas políticas pretendan ser los ungidos del poder por sobre la democracia de papel que siempre hemos moldeado y reformado según los intereses de los políticos de turno.
Es triste tener que reconocer que los procedimientos sobre los cuales hoy se ventilan acusaciones mutuas, no es más que una estrategia bien concertada entre estos dos candidatos, y que es la sumatoria de otros tantas formas de actuar en la historia reciente de nuestra realidad nacional.
No podemos negar que los extremos de una perversa conjura con la que se engaña al pueblo colombiano, es la gran electora del momento: un sueño de paz y de esperanzas que no ha de llegar y que no ha de ser posible en los años venideros enfrentado al dilema arcaico de políticas donde el imperio de la fuerza que no se tienen, pretenden ungir el halo militarista y de coacción para rescatar un régimen de seguridad democrática, que raya en la vulneración de los derechos ciudadanos, para pregonar una autoridad de puño y de sable que no queremos volver a vivir en la historia del pueblo latinoamericano.
Lo que fue la Guerra Fria, entre las grandes potencias, hoy es la guerra sucia en una campaña salpicada por toda clase de improperios, de acusaciones mutuas y de formas de desconocer al electorado. Somos víctimas hoy en día, de una de aquellas peroratas que pareciera propia de escritores de moda, como Fernando Vallejo y que convalidan la pluma magistral del fallecido Gabriel García Márquez, cuando nos pintaba al General en su Laberinto y las formas de gobernar a la que nos hemos enseñado y no queremos dejar atrás.
Por eso el voto en blanco, surge de nuevo, como una respuesta frente al atropello de que hoy somos víctimas por la ambición de poder y por las formas de desconocer los elementos primarios de una sociedad que no tiene retorno, cuando sus protagonistas, parecen líderes de pacotilla y se asimilan más a la precariedad de lo absurdo que a una sociedad democrática, pluralista y de conveniencia social, como la que soñamos.
