Opinión/ Creado el: 2014-08-30 09:00
Campaña sucia, justicia y hacker
Nuestro Estado Social de Derecho, direccionado de la forma como se viene haciendo por parte de nuestra clase política e institucional, nos llevan al convencimiento día a día, de que estamos frente a una gran carpa de circo, a un festival de la pantomima, donde la corrupción y las formas de impunidad e injusticia, son el gran derrotero sobre el cual, se mueven en la tarima de la realidad, los personajes de la vida pública.
Hace más de diez años hemos sostenido y lo hemos demostrado con pruebas precisas y claras, que el Sistema Penal Acusatorio, con el cual el gobierno nacional se allanó a los procesos de TLC con los Estados Unidos, como requisito para su negociación, ha terminado por ser un completo fracaso. Que la impunidad generada por la ausencia de políticas criminales, se acentúo de tal manera, que ésta se ha convertido en la gran detonante de la violencia, quizá aparejada a la violencia que nos ofrecen los grupos alzados en armas, hasta el punto de que hemos llegado a la pérdida de credibilidad en las instituciones de Justicia, aunado a la falta de pertenencia de los funcionarios judiciales, la inexistencia de medios y mecanismos de salvaguardia de nuestra institucionalidad, y sobre todo, a una convocatoria silenciosa por la justicia “de propia mano”, antes de que se obtenga una respuesta inmediata, ágil y oportuna de la Administración judicial como tal, la cual nunca llega.
En ese conflicto social en que estamos inmersos, y como hijos de una democracia de papel, todas las campañas políticas han estado enlodadas de tal forma, que se ha patrocinado una guerra sucia de impredecibles consecuencias, que ahora cobra especial trascendencia con el pasado debate, donde la reelección ha servido de comodín para que el Presidente de turno, ponga a su servicio todo el andamiaje de su gobierno, para su propósito de perpetuarse en el poder, sin importar el precio que ha de pagarse por él, y es cuando los contrincantes necesariamente tienen que salir a hacer el esguince necesario para desprestigiar al costo que sea, la campaña de aquel, como acaba de verse.
En esa campaña sucia, en la cual participaron todos los exponentes, el uso de las maquinarias o de los artificios por llegar al poder, que lograron trascender, está la tan cacareada participación del hacker de la campaña de Zuluaga, quien según se afirma, tenía como objetivo desprestigiar un proceso de paz, que entre otras cosas, está muerto y es un completo fracaso, lo cual ya lo hemos advertido ante la ausencia de consonancias entre los puntos de acuerdo y las políticas oficiales para acabar con las fuentes de la violencia en éste país. Consideramos que no podemos esperar a firmar un acuerdo de paz, para que se le ofrezca al país, educación, salud, empleo, tierras para los campesinos, créditos a bajas tasas de interés y que se apoye la economía nacional, antes que la inversión extranjera, entre otros.
Y se evidencia en últimas que el principal protagonista de este proceso termina siendo un chivo expiatorio, el hacker, quien a la luz de la normatividad de ese sistema penal acusatorio, perverso, ineficaz e intrascendente, se convierte por obra y gracia de las dádivas y protecciones de la delación, en un testimoniante a quien los medios de comunicación se encargan de prohijar y su dicho se reviste de toda la solemnidad para darlo por cierto, cuando no se ha sometido a la valoración de la sana crítica, conforme a los argumentos que doctrinal y jurisprudencialmente la ciencia del derecho penal internacional nos ha enseñado. Todo a cambio de unos beneficios que hacen parte de una prolongación de la mermelada con la que se identificó la campaña política en la que éste participó. Este ejemplo es más que suficiente para entender que la corrupción nos ha contaminado de tal manera, que hemos perdido toda capacidad de asombro ante la realidad nacional, política e institucional.
