Caminar la vida
Por Ernesto Cabrera Tejada
Un sondeo entre amigos determino que la obra más significativa en los últimos cincuenta años de nuestra ciudad ha sido la canalización de la quebrada La Toma. La ahora elísea avenida representa una obra en todas las estimaciones y desarrollo de una ciudad intermedia.
Caminar La Toma es caminar la vida, es recordar los polvorientos pasos y las salpicadas piedras. Por La Toma serpentea el destino de los habitantes de Neiva.
Y es que la semana anterior en el malecón de La Habana, caminé con docentes del Instituto José Martí, mis compañeros de un postgrado… debo decir que no pensé volver a la Isla, estando allí reviví causas y desagravios a la libertad y a la vida.
A muchos les ha de parecer aburrido, yo tengo la particularidad de no aburrirme, vivir en cualquier parte sin ser afectado por el entorno. Los excepcionales académicos cubanos, mejores personas, dicharacheros del béisbol, ron y tabaco, son buenos estudiando e investigando y desarrollando altas competencias, pero a todo ese portento de embeleso se suman las frustraciones que emergen de sus imaginarios, de nostalgias del pasado y hasta de su incongruente formación.
Caminar el malecón de La Habana, es caminar la vida y la historia como La Toma en Neiva. Allí está su gente, su alegría y su derrotero también sus desventuras, sus olores y comercios furtivos.
Desde luego no existe comparación por múltiples consideraciones que son de recurrente evidencia, pero a esa vida de La Habana, le sobra humanismo, la gente se protege, se cuida, se denuncia en un raro sistema de hacer cultura para el servicio de quienes les visitan y ante la inocultable realidad de devastadas construcciones que apilan familias, su buen humor y su alegría contagian y venden su destino sin mezquindad.
Cuidar La Toma de nuestra Neiva como fuente de razones turísticas e históricas y con espacios abiertos para disfrute de toda la ciudadanía es una noble acción que debieran asistir las administraciones, proteger su entorno, generar cultura de uso, aseo y servicio.
Proteger la significativa obra que todos los visitantes reconocen y admiran pero que carece de mayor atención en beneficio de una cultura por parte de quienes disfrutamos caminar la vida por allí.
