Camilo Torres Restrepo
Jaime Horta Díaz
A 50 años de su muerte se crece la imagen del sacerdote Camilo Torres Restrepo, a pesar de su efímera incursión guerrillera o tal vez por eso. Pero cualquier que pueda leer encontrará en sus escritos la vigencia de su pensamiento y de sus convocatorias.
Me connmueven particularmente los testimonios de sus compañeros de clase enla Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, entre otros el Premio Nobel Gabriel García Marquez. Camilo estaba en otro cuento. Con Luis Villar-Borda “hacían con las uñas y por amor al arte" el suplemento literario La vida universitaria de La Razón, “un diario casi secreto” que dirigía el periodista Juan Lozano y Lozano (comillas prestadas).
Un día Camilo no volvió a clase y decidió fugarse al seminario de Chiquinquirá a pesar de la oposición de la mamá que lo alcanzó y lo encerró en la biblioteca. Allá lo visitó Gabo. “Ya lo más difícil pasó” le dijo Camilo. García entendió que se refería a dejar la novia.
Salvo su afirmación de que no tenía vocación, me impresiona el libro del general Alvaro Valencia Tovar “El final de Camilo”. Tuvo la oportunidad de conocerlo como comandante del Batallón Miguel Antonio Caro; Camilo era el capellán. Después lo combatió y finalmente estuvo pendiente de sus despojos. Muy tierna la correspondencia con el médico Fernando Torres Restrepo, hermano de Camilo.
Después de una fulgurante campaña política y de editar su periódico Frente Unido que alcanzó cifras astronómicas para la época, convencido de que lo iban a matar ingresó a la guerrilla pero,expuesto irresponsablemente, mal entrenado, murió en el primer combate al pretender conquistar su fusil en la mañana del 15 de febrero de 1966. Doctorado Honoris Causa para Camilo.
