lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-02-20 10:42

Camilo

Lucas Mateo Vargas Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 20 de 2016

Hablar de Jorge Camilo Torres Restrepo es más que hablar de la cadena perpetua a la que fueron condenados sus restos mortales por parte del estado colombiano; es más que hablar del cincuentenario de su deceso y es más que hablar por fuera de la historia, de si su decisión de unirse a la guerrilla fue un ‘error’, un ‘accidente’, ya que se estaría desconociendo la política de exterminio que la clase dirigente ha emprendido contra el pueblo que a través de la lucha popular reclama sus derechos.

Jorge Camilo Torres Restrepo fue un revolucionario: quizá no logró materializar la revolución social colombiana, que él tanto anhelaba, por medio de la cual el poder lo ostentara el pueblo, pero sí revolucionó la realidad de la cual hacía parte. En un primer momento logró subvertir la somnífera realidad clerical que estaba de espalda y hablaba en lengua muerta, y dando la cara, hablando en lengua viva y vernácula para que el pueblo cristiano humilde despertara y lograra entender el sacrificio de Jesús hecho hombre. Se declaró revolucionario “Como cristiano, porque la esencia del cristianismo es el amor al prójimo y solamente con la revolución puede lograrse el bien de la mayoría”.

El Cura Camilo logró, en parte, deponer el dogma idealista de la conservadora iglesia católica y el dogma político del partido comunista, permitiéndose un diálogo entre cristianos y comunistas en lo que los unía, más que en lo que los alejaba. Y consciente de la concreta realidad y sus contradicciones sociales, Camilo Torres en su lucha contra el Frente Nacional, al cual él consideró el único partido de clase (matrimonio entre las oligarquías liberal y conservadoras) en la historia colombiana en ese momento, llama al pueblo colombiano a formar parte de la unidad popular que pudiera derrotar a la oligarquía colombiana conquistando el poder, por medio de una verdadera revolución, para los oprimidos. Su mensaje de unidad lo extendió a cada actor social: a los Campesinos, a las Mujeres, a los Sindicalistas, a los Estudiantes, a los Desempleados, los Presos Políticos, los Comunistas, los Cristianos, a los no alineados, a los Militares y por último, al mismo Frente Unido del Pueblo.

De su “práctica revolucionaria” surgió la “teoría revolucionaria” que los Teólogos de la Liberación convirtieron en una Teología humanista, proletaria y consciente del papel transformador que como cristianos y revolucionarios se tiene. Una teología que dialogara con los saberes y conocimientos populares y científicos, la cual nutrió el Pensamiento Crítico Latinoamericano con herramientas de discusión, problematización y análisis de la concreta realidad colombiana y latinoamericana.

Entonces, hablar de Jorge Camilo Torres Restrepo es hablar del hombre rebelde; del sacerdote comprometido en su papel como cristiano; del maestro que enseña con el ejemplo; del sociólogo como científico social y popular; del “intelectual orgánico”: político, revolucionario y guerrillero. Es también hablar de su entrega, del auténtico amor por su prójimo: de su amor eficaz. Y es al mismo tiempo encontrar “…que el pueblo tiene cien mil, cien mil Camilos…” Ojalá y tuviéramos más de cien mil Camilos para que la Unidad Popular derrotara las componendas burocráticas de la unidad nacional del gobierno Santos.

Que en este año del Amor Eficaz, nuestra práctica no esté separada de nuestro discurso.