Calentamiento global y medio ambiente
Yefer Yesid Vega Bobadilla
Hace más de 30 años que se viene hablando del fenómeno del niño y de la niña y siempre salen los ambientalistas a denunciar las causas de esos fenómenos naturales, pero, fuera de algunas manifestaciones de arrepentimiento, jamás los gobiernos han reunido a los especialistas para acordar políticas serias que busquen darle una solución acertada a una problemática de la naturaleza que incide objetivamente en la vida, no solo del hombre, sino de todos los seres que nos rodean. Y la naturaleza tiene sus leyes, conocidas o no, que funcionan inexorablemente, sin consideraciones de ninguna especie. Lo que significa que en el cumplimiento de esas leyes funcionan perfectamente todas las relaciones de causa y efecto, en forma perfecta e indeclinable, porque en esos casos, la naturaleza es ciega en el cumplimiento de su propia justicia y sin ninguna apelación.
Por la anterior se colige que las etapas de calentamiento y las subsiguientes, de enfriamiento; cada año son más largas y por lo tanto, más temerosas para la supervivencia de la vida. Y todo porque no nos hemos educado aún en el manejo de ella, esta civilización de la apropiación de sus bondades se ha ensañado en utilizarla en forma inadecuada sin tener en cuenta que ella existe para beneficio de todos y no de unos pocos. También somos ciegos en su utilización, pero ciegos conscientes porque sabemos que cualquier daño que le hagamos a la naturaleza se revierte en contra de nosotros mismos.
Pero para quienes valen más las leyes de la civilización que las de la naturaleza, piensan que este mundo civilizado nos abren las puertas a un progreso entorpecido por el afán de lucro. Por eso desperdiciamos el agua, acabamos con los humedales, todo lo botamos al río, quemamos los montes, talamos los árboles despiadadamente, interferimos el curso de los ríos con represas, atentamos contra las fuentes hídricas, patrocinamos la erosión de los cerros y laderas, contaminamos el aire, explotamos inadecuadamente las minas y fuera de todo esto, nos atrevemos a inventar productos que lejos de servir a la salud de los seres, lo que hacen es llevar la vida a un deterioro inesperado.
Nunca pensamos que el sector campesino es el primer perjudicado porque sus ciclos de cultivo se interfieren y su producción se verá disminuida y, desde luego, su estabilidad económica se verá totalmente amenazada. Pero como todo en esta vida es una cadena, el sector urbano también se sentirá perjudicado porque sus mercados se verán mermados y sus productos encarecidos. Entonces la problemática se traslada con todas las características que ya estamos viviendo.
Creemos que este es un problema de unas dimensiones enormes que exige un cambio de conciencia de toda la humanidad, con los jefes de estado a la cabeza para que dejen de pensar tanto en las guerras y hagan actos de solidaridad para devolverle la vida a nuestro planeta de la cual depende nuestra existencia, la de todos. Aquí ya no vale el arca de Noé donde podrían salvarse unos pocos privilegiados.
Lo anterior, impone hacer un llamado universal para corregir mancomunadamente todos los errores que se han cometido hasta ahora y traducirlo en un acuerdo que debe cumplirse al pié de la letra, mediante el desarrollo obligatorio de un cronograma que responda a las políticas que se acuerden entre todos los estados, con inversiones que surjan de la cooperación internacional. Pero para que esto se cumpla se necesita de un liderazgo y ¿cuál será ese ser que coordine, oriente y defina todas las situaciones que se deriven de este proceso?
