lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-03-06 12:50

Caficultura y búsqueda de valor agregado

Sergio Clavijo Vergara

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 06 de 2016

El período 2014-2016 ha resultado favorable para la caficultura colombiana. A la recuperación de los volúmenes de producción y los precios de la carga, se suma también una renovada institucionalidad con “aires de modernidad”, con el firme propósito de hacer rentable y sostenible dicha actividad. En efecto, la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) indicó que: i) la producción bordeó los 14,2 millones de sacos al cierre de 2015, recuperándose de los 8 millones de los años 2008-2011; y ii) el precio interno se ubicó cerca de los $800.000/carga a diciembre de 2015, por encima del valor considerado como de rentabilidad mínima-aceptable ($650.000/carga). De esta manera, el valor de la producción superó los $6,2 billones en 2015, equivalente a 0,8% del PIB.

Para el 2016, se estima que la producción estaría entre 13-15 millones de sacos, sosteniendo la recuperación de años recientes. A la cota superior se llegaría si alcanzan a entrar en producción cerca de 70.000 hectáreas recientemente renovadas. Sin embargo, la cota inferior podría estar determinada por la prolongada sequía resultante del fenómeno climático de El Niño (afectando especialmente el Tolima y la Costa Atlántica).

Los precios internacionales de café se pronostican como estables, aunque ello dependerá de las afectaciones climáticas sobre Centro América y Brasil. En este último caso su producción estaría reduciéndose de 45,6 a 43,2 millones, lo que representaría una caída de -4% en 2016.

Del lado institucional, se perciben vientos más constructivos con la elección del nuevo gerente de la FNC en agosto de 2015. La nueva dirección gremial ha empezado bien su gestión al acoger la sugerencia de desregular el mercado para cafés de menor calidad. Asimismo, cabe celebrar las recientes modificaciones a la regulación comercial, que propenden por una mayor transferencia de ingresos al productor y por una caficultura rentable-sostenible.

Los esfuerzos ahora deben concentrarse en afinar las estrategias de mediano plazo, con el fin de mantener la buena dinámica del sector cafetero. Un elemento central radica en continuar incrementando la productividad, donde existe claro espacio para ello. En efecto, la productividad de la cosecha colombiana se ha elevado de 10 sacos/hectárea a 17 sacos/hectárea durante el periodo 2009-2015. Sin embargo, ella continúa estando por debajo de referentes internacionales como Vietnam (con 43,7 sacos/hectárea en 2015) o Brasil (24,5 sacos/hectárea en 2015), donde las diferencias topográficas obviamente impiden llegar a una plena homologación.

Lo que es claro es que la competencia de productividades está a la orden del día en el mercado del café. En África, por ejemplo, varias ONG están apoyando al pequeño agricultor, capacitándolo en mejores prácticas agrícolas. Adicionalmente, la disponibilidad de la tierra cultivable y la mano de obra barata están abriendo la puerta a una producción con mayor variedad y costos más bajos, replicando lo logrado en cultivos como el sorgo y el maíz. Aquellos que profundicen en herramientas tecnológicas, lograrán optimización de los cultivos y mayor inclusión financiera del sector agrícola, siendo Kenia un gran ejemplo de ello (ver The Economist del 19 de septiembre de 2015).

En Colombia, el incremento en la productividad cafetera continuará dependiendo, en gran parte, de la oferta de valor que brinde la FNC a los caficultores. En especial, despierta gran interés la provisión de bienes públicos que viene impartiendo la FNC, particularmente en infraestructura comunitaria. Por ejemplo, la recién inaugurada planta para la mezcla de fertilizante es un primer esfuerzo en este aspecto para reducir los costos de producción y mejorar la productividad del sector. Igualmente, la construcción de centrales comunitarias de beneficio, que viene realizándose en varios puntos del país, ayudarán a mejorar la utilización de agua y energía, al tiempo que se traduce en menores costos. Dicha oferta de valor se extiende a muchas otras dimensiones que impactan positivamente a la caficultura. Sobre ello estaremos comentando más detalladamente en un próximo escrito.

En síntesis, el período 2014-2016 ha resultado favorable para la caficultura colombiana con una recuperación de los volúmenes de producción y de los precios de la carga, a lo que se suma también una renovada institucionalidad. ANIF considera que los esfuerzos ahora deben ser concentrados en afinar las estrategias de mediano plazo, con el fin de mantener la buena dinámica del sector cafetero. Allí resultará fundamental la oferta de valor que brinde la FNC a los pequeños caficultores, pero sin pensar en mermar la transmisión de precio internacional a los cultivadores, como se pretendía hacerlo hasta hace poco.