Bomba de tiempo
El “plan reglamento” que desde hace más de 60 días adelantan los guardias del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, Inpec, empieza a convertirse en un problema social de marca mayor, donde además están en juego los derechos de los presos, muchos de los cuales permanecen detenidos en condiciones indignas, hacinados, expuestos a enfermedades y hasta mendigando un plato de comida.
A la fecha, además del terrible hacinamiento que se registra en la mayoría de los 138 centros de reclusión que funcionan en el país, se suman los detenidos por diferentes tipos penales que permanecen en las Unidades de Reacción Inmediata, URI, como también en las estaciones y puestos de policía de la mayor parte del país, donde no existe la infraestructura para mantener más de un par de detenidos y donde ni siquiera tienen un presupuesto para darles una alimentación digna de un ser ingerida por un ser humano.
En la actualidad laboran cerca de 12.000 guardianes en el Inpec en todo Colombia, pero de ellos solo 8000 cuidan a los 117.000 reclusos de las 138 cárceles existentes, lo que equivale a decir que hay un guardia por cada 15 internos, cifra muy baja si se tiene en cuenta que la media del continente es de un guardia por cada 5 presos, como se registra en países como Chile y Argentina.
De las 138 cárceles y penitenciarías del país, 102 se acogieron al “plan reglamento”, donde la principal medida es no permitir el ingreso de más detenidos, algo justo.
No podemos negar que la protesta de la guardia es más que coherente. Entre los establecimientos que registran más del 20% de sobrepoblación se encuentran La Modelo y Picota de Bogotá, la cárcel de Combita en Boyacá y la de La Dorada, en Caldas, consideradas las más grandes del país. Sin embargo, hay casos más aberrantes como el registrado en la Cárcel del Distrito Judicial de Neiva (ubicada en el vecino municipio de Rivera) donde el hacinamiento supera el 70%, constituyéndose en una bomba de tiempo.
Pero aunque las cifras son más que preocupantes y la mayoría de medios de comunicación nos hemos puesto en la tarea de contarle al país y al mundo la situación de los presos en Colombia, el Gobierno sigue sin reaccionar.
