Bienvenido el proceso con el ELN
Alfonso Vélez Jaramillo
Los diálogos de paz del Gobierno con el autodenominado Ejército de Liberación Nacional, ELN, permiten advertir que los acuerdos con la guerrilla no tienen reversa y que ningún grupo irregular se va a quedar por fuera.
La experiencia nos enseña que no hay una organización insurgente capaz de tomarse el poder por las armas en Colombia, y el Gobierno tampoco ha demostrado que puede acabar la sedición en su totalidad mediante mecanismos bélicos.
Es posible que las partes ganen batallas, pero esto no garantiza exterminar la semilla de la injusticia, la discordia, la corrupción y la ausencia del Estado, los puntos que dieron origen al alzamiento armado de todos los matices a través del tiempo y permitieron una guerra multilateral con el ingreso del negocio del narcotráfico atizando el conflicto.
Quienes peinamos canas y hemos sufrido en carne propia las crueldades de este sexagenario conflicto armado que con dolor el pueblo colombiano ha resistido desde la década de los cincuenta, tenemos una enorme ilusión de que ahora si se logrará el fin de la violencia.
La decisión del Estado colombiano de oficializar la instalación de la Mesa de diálogo con el ELN, es una excelente noticia que nos permitirá respirar un nuevo aire de paz. La firma de un acuerdo total de paz significará un futuro cierto para las nuevas generaciones, con las que tenemos una enorme responsabilidad.
Llama la atención que las sesiones no se van a realizar en un solo lugar, sino que están previstas en Ecuador, Venezuela, Chile, Brasil y Cuba, países que junto con Noruega serán los garantes del proceso.
Que la financiación de la representación del ELN no la hará el Gobierno nacional, si no que llegará a través de un fondo con recursos de cooperación, de esta forma no habrá lugar a las críticas por el sostenimiento de los voceros de las Farc en la Habana.
De igual manera nos permite colegir que el diálogo de la Habana deja experiencias para cometer menos errores en el futuro.
El diálogo con el ELN no se va a interrumpir y la agenda se cumplirá con mayor celeridad y rigor, o sea que los resultados se pueden conocer como máximo en un año y estarían concluyendo a la par con el proceso de las FARC.
Ahora solo queda esperar un eventual, pero no imposible diálogo y acuerdo en los puntos esenciales con el Uribismo, la única fuerza política colombiana que no acepta al Gobierno Santos ni a las FARC y mucho menos a su hijo, el proceso de paz de La Habana.
Aunque este partido cada día tiene menos adherentes y no goza de las mayorías decisorias en el congreso, si disfruta el ánimo, la voluntad, el espíritu guerrerista, la astucia y los recursos para polarizar a la sociedad colombiana y esto no es bueno para nadie, además de que un enconado enfrentamiento es un asunto muy peligroso para la sociedad.
El Presidente Juan Manuel Santos y el senador Álvaro Uribe, deben contemplar un acercamiento. Muchos no estamos de acuerdo con algunas políticas del Gobierno, ni con el uribismo, pero esta fracción política tienen derecho a disentir con respeto, porque el principio fundamental que soporta nuestro ordenamiento constitucional es el Estado Social de Derecho.
No debe desconocerse a nadie, la paz se alcanzará con todos ya que es la única forma de desarmar los espíritus. Nada ganamos con firmar un acuerdo de paz sino se cambian los incorrectos procedimientos que imposibilitan promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en nuestra carta política como fines esenciales del Estado.
