Bienvenida la paz
Alfonso Vélez Jaramillo
La noticia más importante en varias décadas en Colombia es el anuncio del Acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y la Dejación de las armas, al que por fin llegaron el Gobierno y la guerrilla de las Farc.
Es la más trascendental de los últimos años, porque le pone fin a seis décadas de cruenta guerra, que no fue declarada en su momento, y deja millones de víctimas y millonarias violaciones y atentados contra la libertad, los bienes y la vida de las personas.
Este acuerdo no tiene antecedentes y será firmado precisamente hoy en la Habana, ante una comisión internacional integrada por los presidentes de cinco países garantes del proceso, acompañados de Ban Ki Moon, Secretario General y los presidentes del Consejo de Seguridad y la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Significativa la presencia de los delegados de Estados Unidos y la Unión Europea para este proceso, porque simboliza el apoyo de la comunidad internacional.
Como amigos de las conversaciones de paz, tengo la obligación de destacar este nuevo hecho que abre las puertas y la esperanza a un nuevo país, cuyos habitantes tenemos obligación de perdonar sin remordimientos ni venganzas, si queremos una reconciliación verdadera.
Contrasta este esfuerzo de paz con la politización sin disimulo y diría que con venganza viene haciendo el partido orientado por el ex presidente Álvaro Uribe, quien no ha oculta su deseo de volver al poder sin importar los medios que deba utilizar para conseguirlo, así sea a costa de la tranquilidad y la vida de su compatriotas.
Este histórico acuerdo no solo fija el cese al fuego bilateral, también define las zonas de ubicación temporal, en las cuales los subversivos reinsertados residirán máximo seis meses, una vez se suscriba el acuerdo definitivo, cuyo tiempo será utilizado para su incorporación a la vida civil. No será definitiva su estadía como lo están falseando los enemigos del proceso para generar turbación a las comunidades.
Superado este escollo, las Farc tendrán que actuar honrando la palabra y el acuerdo firmado porque si no quedarán en el ojo del huracán ante la comunidad internacional, testigo del esfuerzo del Gobierno para superar el conflicto armado.
Quienes nos tildan de castro chavistas, comunistas y nos lanzan ataques de orden mayor por apoyar el proceso de paz, sépanlo que no votamos por nadie en particular, sino por una propuesta de un proceso de paz, la cual se viene cumpliendo a cabalidad.
Ahora los ciudadanos deben concluir que la mayor generadora de violencia en nuestro país es la rampante corrupción, que ya parece inherente a las personas como antes lo eran la moral y la ética, desplazadas sin temor ni vergüenza en todas partes por una inmensa mayoría.
Desde ahora debemos recapacitar en elegir un nuevo presidente de la república que cambie la manera de hacer política, que no esté señalado ni investigado, que se deba a la moralidad pública y se aparte de la politiquería como lo han hecho sin verguenza casi todos los Jefes de Estado, ministros y altos funcionarios del Estado como procuradores, fiscales y magistrados de las altas cortes, de final y principio de siglo.
Se salvan muy poquitos, por algo se han originado escándalos de proporciones que casi siempre terminan en nada, y ni siquiera les corre sangre por la cara, porque luego salen a la plaza pública sin temor a seguir en sus andanzas.
Aunque este acuerdo de paz no significa la armonía absoluta e inmediata del país, si es una avance trascendental, viene lo más difícil, la etapa del post conflicto, en la cual se deberá desplazar la politiquería y la corrupción, las practicas mayores generadoras de violencia, para que no volvamos a las mismas en pocos años.
