lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-04-09 08:53

Belicismo criollo

Lucas Mateo Vargas Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 09 de 2016

Después de 9 guerras civiles de alcance nacional y otras 14 más, de alcance regional durante el siglo XIX, y después de más de 50 años de conflicto social y armado contemporáneo, aún hay gente que quiere que el conflicto bélico continúe; quizá la guerra, aunque en ella no combatan, se les enquistó y por eso no aceptan que se esté dialogando para llegar al fin de la confrontación. Tal vez sus beneficios económicos dependen de lo bélica que pueda seguir siendo nuestra historia, por ejemplo:

“La economía de guerra les facilita una posición cómoda a decenas de miles de burócratas vestidos de uniforme o de paisano que van a la oficina cada día a construir armas atómicas o a planificar la guerra atómica; a millones de trabajadores cuyos puestos de trabajo dependen del sistema de terrorismo nuclear; a científicos e ingenieros pagados para buscar la <solución tecnológica> definitiva que proporciones una seguridad absoluta; a contratistas que no quieren dejar pasar la ocasión de obtener beneficios fáciles; a guerreros intelectuales que venden amenazas y bendicen guerras”. (Richard Barnet)

Es natural que haya desconfianzas en lo que refiere al proceso de diálogo: por un lado está la desconfianza de los seguidores del mecías criollo que creen que la guerrilla no va hacer entrega de armas y quizá tenga razón en desconfiar, pues juzgan y condenan en el presente un futuro, desconociendo el curso de la historia y todo lo que ha antecedido al estado actual de cosas. Y por otro lado está la desconfianza de la guerrilla, pues a cada acuerdo de Paz en Colombia lo ha seguido el asesinato a los ex-combatientes: sucedió que años después de la paz de Wisconsin de 1902, asesinaran a Rafael Uribe Uribe; en los años 50′s sucedió la misma historia con los guerrilleros del Llano y con los del Sur del Tolima; sucedió lo mismo en los años 80′s con la UP y a inicios de los 90′s se repitió la historia con Pizarro Leongómez del M-19, y se pudiera decir, que aunque no se pactó nada en El Caguán, mientras se dialogaba con la guerrilla, el gobierno pactaba el Plan Colombia. Un plan 85% bélico.

Ahora bien, en medio de las desconfianzas tanto de los unos como de los otros, hay una alternativa que es construir la paz, que va más allá de los diálogos o las negociaciones en la mesa. Sea el apellido que se le coloque y a conveniencia de quien la bautice (Paz sin impunidad, Paz con Justicia Social), superar el conflicto social y armado pasa por el reconocer que el otro existe, respetar las opiniones divergentes y poderlas deliberar, y hacer de la democracia participativa un ejercicio que permita a los ciudadanos ser activo en las dinámicas del Estado, exigiendo a que éste brinde las condiciones materiales que garantice calidad de vida a cada uno de sus habitantes.

Para recordar: hoy 9 de abril cabe recordar que con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán Ayala, 68 años después y aún impune, se desató lo que los historiadores del conflicto llaman de “Violencia Bipartidista”, la cual dejó como herencia la brutalidad de la fuerza pública desde la policía chulavita y el ejército hasta nuestros días; el corte ‘franela’ y ‘corbata’; el odio político; más de 300 mil asesinatos y las mangualas políticas, desde el frente hasta la unidad nacional.