viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-10-18 09:37

Bancarrota moral

Una sociedad frustrada, que perdió la fe en sus instituciones, que ha regresado a los tiempos de los caudillos y de ciertos líderes que considera insustituibles,

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 18 de 2014

por cuanto tienen las agallas de defender sus propios intereses a costa del sacrificio de los demás, está hablando hoy en día, de equilibrio de poderes, esta pregonando una paz que se esconde en actos de violencia contra sus conciudadanos y está sin garete, direccionando a un grupo de supuestos líderes, con la mermelada y el garrote, distinguiendo muy bien, a cada uno de los sectores que se hacen acreedores a dichas retribuciones.

Y cuando se ha perdido por completo los conceptos de ética y de moral, y las relaciones de poder están determinadas por una valoración del otro en condiciones de valores económicas, es cuando tenemos que hacer un paréntesis para saber qué clase de sociedad es la que estamos forjando en nuestros hijos y cómo podemos contribuir a rescatar los principios y los valores que una verdadera sociedad democrática exige y demanda del hombre del siglo veintiuno.
 
No somos tolerantes, no sabemos hacer otra cosa, que movernos por los intereses mezquinos de los precios del mercado, y cuando las instituciones se han encargado precisamente de estar al servicio de los potentados y de generar el desequilibrio más aberrante entre la riqueza y la pobreza, es cuando comprendemos que hemos perdido la esperanza y que no tenemos un futuro más allá que la de pensar cada día, que es un milagro amanecer y poder seguir vivos en medio de esta violencia desenfrenada que no se detiene y que no hace distingos entre los ciudadanos de bien y los perversos que la dirigen.
 
Colombia ha sido capaz de resistir y los colombianos hemos tenido la osadía de encarar la indiferencia y vivir en medio del engaño en el que los mismos medios de comunicación nos conducen, cuando son éstos precisamente, los encargados de mantener una imagen que el Gobierno propicia con cifras billonarias, mediante procesos de publicidad engañosa y de una falsa ideología de bienestar que no se tiene, mientras los valores de otrora, no pasan de ser más que un recuerdo o una vaga ilusión que nunca llega.
 
Corrupción a granel, es la única tabla de salvación en la que se mueven los administradores y administrados del Estado de Derecho, sin distingo alguno dentro de las ramas del poder público, con el fin de preservar sus dignidades, desde el vigilante de turno, hasta el alto dirigente político, se mueven a sus anchas pregonando la moralidad de sus actos, por cuanto han hecho de la inmoralidad, de la corrupción, de la impunidad, del saqueo de las arcas del Estado, el patrón de comportamiento sobre el cual han edificado su forma de vida, y por tanto, el país sigue en el laberinto más perverso de la indiferencia, al que jamás se pensó que podría darse, cuando la sociedad habló de convivencia, de paz y de tolerancia.
 
No hay justicia, nunca la ha habido en los últimos cincuenta años, y con ello, el Gobierno Nacional, no ha realizado las políticas sociales requeridas para reconocer los derechos del otro, y por lo tanto, el ciudadano del común, no está habilitado para hacer lo mismo con sus congéneres. No se aplica lo que se predica y la Constitución del 91, que se presentó como la gran panacea de la democracia, sigue siendo remendada y acomodada a los intereses de unos pocos, mientras las políticas a un salario justo, a la salud, educación y trabajo, son asaltados a diario por los elegidos que se encargan de engordar sus recursos y su patrimonio, a costa de lo que haya que hacer, pero nunca con la dignidad y el orgullo de hacerlo en la forma correcta y por el camino de la legalidad, la cual, ya no existe en nuestro país, y al igual que la justicia, desaparecieron por completo del lenguaje del colombiano.