Baldomero Cleves Ortiz
Orlando Mosquera Botello
La semana pasada me referí al profesor Leonardo Cleves Ortiz, destacado pedagogo graduado en la Normal de Tunja, quien dejara especial historia en el Huila. Imposible dejar de hacer lo mismo con su hermano Baldomero, el mayor de los Cleves Ortiz, quien se destacó como Veterinario y Médico Cirujano egresado de la Universidad Nacional.
Nació en el Hobo, el 26 de febrero de 1888, siempre hizo honor a su nombre de origen germánico que en su variante castellana significa “audaz e ilustre”. Es decir, famoso por su intrepidez, arrojo, y animosidad. Como ya lo anoté en el anterior escrito, fueron hijos de Leonardo Cleves Cano y Filomena Ortiz Quijano, hermanos de Ernesto, Ana Victoria y Ana Rosa.
Se tituló como Veterinario en 1935, perfil que le permitió económicamente graduarse como Médico Cirujano en 1942, tras ser calificada su tesis de Meritoria, titulada: “Variaciones de la Glicemia en el período Postoperatorio”. Si la mente no me falla, como Veterinario fue Director Nacional del ICA.
Toda su vida fue un gran investigador, uno de los primeros que indagó en Colombia sobre la “Brucelosis humana”, enfermedad infecciosa que ataca varias especies de mamíferos, entre ellas el ser humano. Varios de sus ensayos fueron publicados en revistas médicas americanas.
Valga anotar, que antes de graduarse en sus dos carreras, ya se había casado con la dama garzoneña, Magdalena Vargas Manrique -25 de abril de 1931-, padres de Ernesto -Médico como su padre, especializado en Otorrinolaringología en Nueva York y Charlotte-; Lucy -ya fallecida-, Odontóloga de la Universidad Javeriana, y los gemelos, Baldomero y Magola Cleves Vargas.
Ejerció en la Plata, Fresno, San Agustín, Garzón, Neiva y Bogotá. En la Plata fue el primer médico designado por la oficina de Salud Pública. El día que asumió tuvo que atender un parto con cesárea sobre una mesa de tabla burda, con la colaboración de Clementina Perdomo, la única enfermera que por años había asistido la población en lo que tocara.
Este parto fue tema en el pueblo por buen tiempo, donde lo quisieron mucho por su consagración y trato considerado especialmente con los residentes del campo. Época en que los médicos tenían verdadera vocación, visitaban enfermos en casa, eran acertados en el diagnóstico y en lugar de observar un computador como lo hacen hoy, aguzaban los sentidos observando el paciente para no fallar en el dictamen. Tenían que trabajar con escasos instrumentos como si se estuviera en estado de guerra.
Baldomero Cleves fue un hombre ameno, de chispa alegre y respuesta comedida a flor de labio. Físicamente tenía cierto parecido con Winston Churchill, sin faltarle también su habano puro en los labios. Donde laboró siempre adelantó campañas preventivas de vacunación y atendió niños con especial prioridad. Por donde pasó añoraron su partida.
Tuvo el respaldo pleno del sacerdote Luis Emigdio Artunduaga Peña, levita que aparte de lo espiritual se preocupó por el progreso económico y social de la Plata. Valga decir que Monseñor Félix María Torres, oriundo de Yaguará, entonces Obispo de Barranquilla, también fue uno de sus grandes amigos.
Cuando el doctor Baldomero vivía en Garzón, solía decir frecuentemente y con gracia, que era la mayor proeza de su vida por ser Liberal. Lo cierto es que cuando llegaba a Neiva, siempre había gente esperándolo en casa de su hermano Leonardo, pendientes que no se les escabullera para el “Serrucho”, tertuliadero ubicado en la calle 9ª entre carreras 4ª y 5ª, frente a lo que fuera el solar del Club Social, cuando la calle era bien angosta y bordeada por los cauchos “Pablo-Jumas”, mandados a sembrar por el Alcalde Pablo J. Gutiérrez Vélez, quien también fuera de la citada tertulia, donde todo el que bebía y compartía tema, también contribuía por igual con la cuenta. De allí el nombre del “Serrucho”.
De niño me asomé a dicho salón que solo tenía como dotación una mesa de 12 puestos y un inmenso serrucho en la parte alta de la pared de fondo, en cuya esquina izquierda reposaba una vieja nevera para mantener frescas las bebidas, y en el rincón derecho una modesta mesa cubierta con hule, donde yacían los cristales y otros utensilios impecables ordenados para su uso. Jovita, la administradora pagada y respetada por todos, se encargaba del aseo y la atención. Por qué no decirlo, cuando un socio ya estaba pasado de tragos, lo enviaba en taxi a casa. Algo implícito del reglamento era la máxima obediencia a Jovita, quien sin sobrepasarse, les daba la orden terminante de retorno a casa. Dos o tres conductores bien recomendados eran los encargados de este cierre a los que pagaban el servicio con fondos de una caja menor que nunca dejaban menguar. No era fácil ingresar allí sino se estaba recomendado por los socios. Tolerancia máxima hizo que se tocaran todos los temas con el buqué del tradicional anisado de la Licorera del Huila.
Como los huilenses tenemos lengua caustica y solemos soltarle con facilidad el dobladillo para posar de simpáticos, le inventaron a Baldomero Cleves que operaba borracho. Su sobrina Lilia quien reside en Argentina desde hace décadas, que estuvo el año pasado por estos lares y con quien me comunico gracias a la Internet, me comentó que cuando fue a Washington muy joven, conoció a un médico colombiano residenciado allí, que decía con desfachatez: “De lo que no me olvido de Colombia es de un médico Cleves que hacía operaciones fantásticas borracho”. Ella le contestó: “Que coincidencia, es mi tío”. “Operó de próstata a su padre -mi abuelo-, a los 80 años, en la mesa de la cocina de su casa en Hobo, ayudado por papá y algunos primos, y me consta que no estaba borracho”. “Valga anotar que don Leonardo Cleves Cano, el abuelo operado por su hijo, murió a los 94 años”. Era viudo, casado con Trina Macías, dama con la que tuvo dos hijas: Cecilia y Ruth Cleves Macías.
Baldomero Cleves siempre estuvo pendiente de sus hermanos, Ernesto fue sacerdote, famoso por su fluida oratoria sagrada, murió relativamente joven en 1949. En el hospital San Miguel de Neiva, que entonces ocupaba el área que alberga hoy el “Centro Comercial Los Comuneros”, pendía una foto suya en la pieza en que murió y la gente se la disputaba por considerarlo milagroso. De niño fue acolito como su hermano Leonardo, desde luego en la parroquia San Juan Bautista del Hobo, iglesia demolida por el estado en que quedó debido al terremoto de 1967.
Ernesto Cleves Ortiz se ordenó el 22 de abril de 1928. Manuel Agustín Losada, Camilo Trujillo y Fernando Monje, fueron ungidos el mismo día, la ceremonia la realizó el entonces Obispo de la Diócesis, José Ignacio López Humaña. Monseñor Luis Calixto Leiva Charry y el Padre Daniel Soto, fueron los rectores del Seminario de Garzón cuando cursó sus estudios sacerdotales.
Los familiares recuerdan a Ana Rosa como una mujer guapa, no se casó y se dedicó a cuidar al tío Ernesto en su misión de sacerdote. Ana Victoria como su hermano Leonardo, fue educadora, casada con Roberto Cleves, vivieron en la finca “El Paraíso” -Caquetá-, donde tuvo su propio colegio. Padres de Teresa, Fabiola, José Roberto, Luis Ernesto, Francisco+, y Esteban.
MODESTOS, BRILLANTES E ÍNTEGROS
Baldomero Cleves Ortiz.
Municipio de la Plata -Huila-.
Interior Seminario de Garzón -Huila-.
Costado sur sobre el parque principal de Hobo -Huila-.
