Bajo el puente
Ernesto Cabrera Tejada
Mientras aguas abajo corren historias que el gobierno y sus instituciones quisieran perder pronto, sobre los pilones y asidos de sus paredes, individuos de la calle como en todo el mundo, hacen su vida bajo los puentes de Neiva.
Situaciones de vida antes que situaciones delictivas, individuos que no pierden su estima por conseguir lo básico. Abstraídos en su propia desgracia o su propia felicidad son ignorados y han querido ignorarnos. Se sumergen en ese profundo olvido que no queremos saber porque nos negamos a entender.
Desde la novela del escritor checo Milan Kundera, “La Ignorancia”, es posible entender que esa ignorancia es su felicidad. Están ausentes de conflictos y acuerdos, repican lo que escuchan sin razonar y sin odio más con el desespero y la letalidad del consumo de narcóticos
Los individuos que bajo los puentes hacen caso omiso de las reglas sociales porque no les favorecen, no se les tiene en cuenta, enfrentan su diario vivir en desventaja, son discriminados y ellos lo aceptan y nos muestran cómo enfrentar esa vida en nuestra ausencia que sólo les discrimina.
Neiva como empresa, con sus divisiones jerárquicas, aplica a una misión y una visión que debe proveer a su colectividad una mejor calidad de vida, impecables servicios, atención inmediata a sus problemas sociales incluyendo los más penosos, la falta de planeación a largo plazo, el egocentrismo de algunos y el egoísmo de todos, pero nos va a matar la inmovilidad.
Como los habitantes de los puentes, algunos miembros de la sociedad reglada violan a flagrancia en beneficios particulares, limitando un crecimiento ordenado que genere mejor calidad de vida, genere sentido de pertenencia por una ciudad, que se muere patinando en sus propias desgracias y mentiras de sus líderes.
La desgracia de obtener un simple certificado de cualquier entidad se sujeta a un sistema que siempre está caído y nadie responde, es una “papa caliente” que se tiran sin cesar en medio del desconcierto del necesitado, exigido a su vez por otra no menos moribunda institución. Y seguimos porfiando competitividad.
Bajo el puente corre el agua que lava penas, ausenta realidades de individuos que modificaron las reglas para ignorar y ser ignorados.
