Año Nuevo 2016 y promesas
Jaime Horta Díaz
Lo que no se hizo este año ya no se hizo. La meta chiquita por ahora es llegar al 2016. Sin afanes, sin pólvora, bajándole al alcohol, controlando las pulsaciones, mermando la velocidad (los que no manejan también pueden decirle al conductor que va muy rápido).
Algunos alcaldes, a imitación de Maduro en Venezuela, comprometerán su libertad y su patrimonio por contratar más allá de las 12 de la noche del 31 de diciembre.
Ahora, a despedir al Año Viejo y recibir el Año Nuevo 2016 con nuevos propósitos y esperanzas.
Año Nuevo: el Año Nuevo empezará acelerado. La primera preocupación será cómo atajar la inflación que triplica la meta fijada por la Junta directiva del Banco de la República en medio del alza del dólar que castiga las importaciones, el bajo precio del petróleo y la intensidad de la sequía por El Niño.
La segunda será el tema de la paz con la guerrilla más antigua y más sangrienta del mundo. El punto que más les interesa no está en la mesa de La Habana ni en el plebiscito: cómo quedarse con los multimillonarios recursos de los secuestros y del narcotráfico.
En el Huila, la agenda la encabeza la hidroeléctrica de El Quimbo (el teclado, solo, escribe Chimbo). La Corte Constitucional lo que hizo fue anular un decreto inconstitucional. No más.
Promesas de inocentes: prometo que en 2015 trataré de ser feliz, respetaré todos los puntos de vista aunque estén equivocados, no voy a contradecir a nadie, me haré el de la vista gorda en todo lo demás, seguiré admirando a las mujeres inteligentes, a todas les diré que sí. Eso sí, tengo claro que hay que disfrutar todas las cosas buenas que tiene la vida.
