Año de meras ilusiones
Por Amadeo Gonzalez Triviño
Se ha iniciado un año más, alimentado por meras ilusiones, por falsas promesas y por toda clase de engaños en los que hemos vivido durante los últimos cincuenta años, por obra y gracia de los políticos de turnos y de toda esa lacra que aún sigue ejerciendo los destinos de éste país, desde el Congreso de la República, hasta en las instancias oficiales, desde el más encopetado gerente o director de oficina, hasta el más recalcitrante celador de sus edificios.
Una promesa incumplida como la de acabar con el servicio militar obligatorio y las redadas para la retención de la población de estratos cero, uno y dos, siguen siendo parte de la burla con la que el Presidente engañó a quienes le dieron el voto para su reelección, y la forma como procedió a fijar un salario de miseria, como salario mínimo legal mensual vigente, es la forma de convocarnos a las injusticias que solo se compadecen con el mandato de la clase económica que tuvo la osadía de ofrecer en la mesa de negociación, hasta un cuatro punto cinco por ciento de incremento, para que finalmente se aumentará según ese mandato, pírricamente para consuelo de la clase trabajadora, la más burlada y la más sumisa.
Y mientras todo esto sucede, un proceso de Paz que no es viable cuando dichas actuaciones no hacen parte de esas estrategias necesarias para buscar los fenómenos que erradiquen las causas de la violencia, y la forma como se acrecienta la inseguridad por obra y gracia de la criminalidad desbandada en las calles y provincias de Colombia, son parte de un fenómeno que está entrelazado a los falsos pronósticos estadísticos que se vienen ventilando en estos días, para decir que se ha reducido el desempleo, que el crecimiento económico ha sido el esperado, y que la criminalidad se ha reducido considerablemente, cuando todo eso es falso y no es consecuente con lo que sucede en este país.
Pero los colombianos seguimos empecinados en creer en esas falacias, seguimos convencidos de que nuestros dirigentes son lo que nos merecemos, y por todo eso, es que el país va por mal camino, que no hay esperanzas o expectativas de un cambio generacional y de mentalidad política, por cuanto hemos estado enseñados a vivir con el garrote a las espaldas y nos hemos puesto de rodillas toda una eternidad, sin importar el dictador o el gobernante que tengamos frente a nuestros ojos.
Si hacemos un balance en forma real y concreta de lo que ha resultado ser el actual mandato presidencial, tenemos que repetir, que somos víctimas de nuestro propio invento. Que no tenemos un rumbo y que no hay una esperanza viva y cierta de que muy pronto, todo haya de cambiar.
Mientras las políticas del Estado Social de Derecho, que el gobierno de turno diseña, no se encaminen hacia políticas sociales, de contenido humano y con una filosofía de participación ciudadana, desde las bases y con criterios de equidad y de justicia, es imposible pensar que vamos avanzando hacia la solidaridad y la convivencia y la tolerancia y el respeto mutuo, y se fortalezcan los elementos y recursos para la Justicia y en contra de la corrupción y la injusticia y la criminalidad que se ha tomado éste país, no podemos soñar con vivir en paz. Sigamos viviendo de ilusiones en este 2015.
