Ay de Popayán
Por Diógenes Díaz Carabalí
Da lástima este buen vividero. Los barbaros han convertido a Popayán en lugar desagradable para todos los sentidos: sus paredes tachonadas con letreros obscenos; sus calles repletas de basura; los propietarios de las casas se adueñan del espacio público; los dueños de vehículos se creen propietarios de las calles y los andenes, parquean sus autos en los espacios de tránsito y del peatón; viajar en bicicleta es una aventura poco aconsejable, una situación que el plan de movilidad no ha tenido en cuenta.
La falta de cultura ciudadana hace que los dueños de negocios arrojen sus desechos en vía pública, la ciclovía que atraviesa la ciudad de sur a norte es una letrina de perros y botadero de basura de casas de entretenimiento; cerca al Club Campestre aparecen los desechos de una noche de juerga y nadie se entera, el código de policía no existe, la oficina de control y ornamento de planeación no existe o no actúa, cada quien hace frente a su casa lo de su antojo; se cierran los andenes, construyen garajes, parasoles, antejardines, instalan negocios en detrimento del peatón, y nadie, ninguna autoridad se entera.
Y que nadie llame la atención. Ay si le pedimos a un taxista o a un conductor de buseta que se parquee en el borde de la vía para recoger pasajeros: saca toda la obscenidad de que es capaz; saca machete si le insisten; es capaz de agredir con toda la violencia heredada de su crianza. Ay si le piden a un propietario de vivienda que no se apropie de la calle: ¡Haga lo que quiera!, es su respuesta, usted no me conoce, soy de aquí o de allá, expresión tácita que conlleva una amenaza. Por lo tanto es mejor guardar silencio, dejar que la ciudad se vuelva un sitio desagradable, un lugar invivible si queremos sobrevivir en medio de esta total anarquía.
Los parques y los escenarios deportivos se han convertido en lugares impenetrables, sitios para borrachos y drogadictos, niñas o niños no pueden acercarse, peligran las y los adolescentes, para la autoridad este tipo de infracción no existe; las bancas de los parques son sitios para el consumo de alcohol, de mariguana, de bazuco sin que nadie se cerciore. Los aleros de los edificios, los atrios de las iglesias son lugares donde pernoctan las personas que en nuestro morbo nos hemos dado en llamar “Desechables”; o letrina de locos y gamines porque esta ciudad, “Blanca” y “Jerusalén de América”, no cuenta con una casa de paso donde se puedan acoger personas que el destino ha castigado con crueldad profunda.
Y sí contamos con una administración indolente, con una Secretaría de Salud que se siente víctima porque un Juez de la República le ordena proveer vivienda y alimento a una persona en estado de indefensión. Tenemos un Alcalde que no ve los problemas que padece la ciudad, unos funcionarios dedicados a devengar salario y a engordar tras un escritorio. Las dificultades de la ciudad se hacen más graves, Popayán, el buen vividero, sigue en total anarquía y no tiene dolientes.
Tal vez con esta radiografía se espante tanto candidato que busca llegar al primer cargo del municipio; o tal vez entiendan que es importante invertir en el ser humano, en su cultura, en la convivencia, porque la mayor parte de los problemas son de sensibilidad humana, son de aculturar a los habitantes. Hay que convencerlos de que Popayán es de todos.
