viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-08-27 08:56

Arte y Ciencia en la Política

Uno de los oficios, en sí mismos, más nobles y destacables es el del ejercicio de la política.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 27 de 2014

Bien entendida ésta, como en efecto corresponde, demanda ánimo voluntario, convicción a toda prueba, deseo franco de servir a los demás, entre muchas otras características.

La política tiene algo de arte en sí misma, toda vez que para ejercerla hay que involucrar el alma en ello. Hay que ponerle el corazón. Si quien entra en estas lides no está verdadera movido desde lo profundo de su ser, tendrá un camino que se hace imposible de recorrer, delante suyo.

No tiene sentido dedicarse a la política cuando no se ama esta labor, cuando en el interior del ser no mora ese afecto superior por la clase de tareas que aparecen delante cada día.

Hay que tener muchísima sensibilidad social. Cuando se carece de ese sentimiento de ayuda a quien lo requiere, cuando el político no es solidario, o poco le importan las personas más necesitadas, ¿para qué la política? Es precisamente ese el propósito. Ayudar a los demás, por medio de decisiones públicas, según la rama del poder que corresponda, impulsadas y dictadas a favor del interés general.

Basta ver por ejemplo, cuando la misma Corte Constitucional se ocupa de derechos en conflicto, y por medio de pruebas de proporcionalidad, en las que invierte varios meses, intenta armonizarlos. En la política hay que hacer esto mismo, pero en lapsos muchos más cortos.

La política también es ciencia. Es susceptible de un aprendizaje sistemático y metódico. También es objeto y sujeto de investigación. Los elementos técnicos y teóricos, para el ejercicio de la política, son de gran ayuda. Pueden sumarse personalmente a favor de quien decide entregarse a la política, como también reuniéndolos en torno suyo por medio de personas que posean el conocimiento puntual de los saberes minuciosos que se requieren.

Esas dos facetas de la Política: Su Arte y su Ciencia, deberían permanecer en una balanza y cuando ésta se desequilibre a favor de uno u otro extremo, el político debería esforzarse por equilibrarla. De este modo, se alcanzan los propósitos del bien común para lo cual, en realidad, ha sido puesta.

Encontrar ese balance entre Arte y Ciencia en la Política y, sobre todo, conservarlo no es tarea sencilla, pero es una meta alcanzable que marca el norte cada día.