sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-02-11 08:22

Aquí no pasa nada

Por Amadeo González Triviño

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 11 de 2017

Somos un Estado Social de Derecho y da mucha tristeza decir que lo somos. Somos un pueblo de leguleyos, todo está regido por normas, por leyes, decretos, reglamentos y derechos fundamentales que no se cumplen. Todo es la suma de la inequidad, la injusticia y sobre todo, la soberbia de sus gobernantes. Y qué no decir de sus gobernados que indiferentes viven porque se da la opción de vegetar?

Hemos perdido la posibilidad de generar actos de indignidad, porque en medio de toda la forma descarada como se ha hecho política a lo largo de todos los procesos históricos que hemos vivido, cada quien solo se ha preocupado por sacar ventaja o provecho de una u otra situación, según el lugar en el que se encuentre, en ese preciso momento en el que ha tenido que asumir una responsabilidad. Responsabilidad que ha estado direccionada a ser un pasivo espectador de todos los atropellos de todas las porquerías que se suceden con la cosa pública, con el interés particular o con la empresa privada.

Y no hacemos nada por remediar lo que sucede a nuestro alrededor. Cuando se vienen unas denuncias públicas, sencillamente le enrostramos la culpa al otro, le quitamos valor a la denuncia y le negamos la trascendencia afirmando quizá que lo único que vale es que todos terminen enlodados para que entre todos, se hagan pasito y no se produzcan los efectos dañinos que pudieran darse por esos comportamientos que inmorales o atentatorios de la función pública, conocemos, se develan y se identifican a cada instante en nuestra vida nacional.

 

Y nada pasa. Y no aparecen las autoridades para aplicar la ley, ese cúmulo de leyes que se producen a diario para cada caso en particular, sin que se produzcan las leyes que realmente se requieren para darle muerte política a todos los congresistas, funcionarios, contratistas y demás responsables de la cosa pública que han hecho de la Administración, un patrimonio personal, burocrático, y nefasto por la corrupción antes que optimizar sus servicios en favor de las comunidades.

Cuáles comunidades. Cuáles ciudadanos. Se dirá por doquier. Y tienen razón. Somos una raza que ha perdido la posibilidad de reclamar por ese pasado tenebroso que en su gran mayoría, cargamos como una coraza en nuestras espaldas y no queremos que se descubran nuestras actuaciones del ayer. Quizá será eso lo que motiva la indiferencia y el dejar hacer o el dejar pasar, frente a los fenómenos que a diario se identifican como lesivos contra la ley y el ordenamiento jurídico?

Pero de cual ley y de cual ordenamiento estamos hablando. El de Perogrullo? El de la distracción o el del amarillismo de los medios de comunicación que en la medida en la que están involucrados con pequeñas dádivas, van direccionando o manipulando a la opinión, para reiterar y repetir por doquier, que aquí no pasa nada. Y no va a pasar nada, porque entre bomberos no nos pisamos la manguera, dirán los jefes de los partidos políticos, dirán los funcionarios de la rama judicial, repetirán por doquier los mismos en las Altas Cortes y todo será un hazmerreir o un espectáculo más en la historia de los cuenta chistes que se viven a diario en los espacios o recintos de la democracia que se nos salió de las manos y se quedó en pequeñas ínfulas del poder de los que ocupan cargos del Estado.

Y los recursos que se mueven y se dilapidan en campañas políticas en reuniones sociales, en licitaciones privadas y acomodadas por los delfines de quienes han detentado el poder, seguirá incólume, con la esperanza de que un sueño renovador ha de llegar, al menos en el momento de la tumba que nos espera, porque antes, no se ven sino nubarrones que pasan, como pasan en estos día de un verano impredecible que nos está secando hasta el cerebro para que nada suceda a nuestro alrededor.