viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-03-28 08:26

Aporte firme y esperanzador (I)

Con el debido esplendor, y presididos por el Cardenal Arzobispo Primado de Colombia, Rubén Salazar Gómez, se ha culminado la celebración del “Año Jubilar” de la Arquidiócesis de Bogotá, al completar cuatrocientos cincuenta años de estar sembrando, desde el centro de nuestro País la bendecida semilla de los principios cristianos, proporcionando así, bases firmes y esperanzadoras a nuestra sociedad.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 28 de 2014

“Aré en el mar y edifiqué en el viento”, expresaba, con gran pena, el Libertador, ante el desmoronamiento del gran Continente libertado con su espada valiente, pero en el cual, ayer como hoy, se volvía la espalda a los principios dé solidaridad, honestidad, lealtad, moralidad pública y privada, pregonados por el cristianismo. Nos conforta, en cambio, ver frutos de estable virtud, de servicio generoso, de consagración al bien general que se están recordando desde la Iglesia en Bogotá, en casí medio milenio de labor eficiente al servicio d e la comunidad. 

         Grande bien sembrar en el corazón de niños y de jóvenes, y mantener en el de los adultos, unos principios y normas que nos vienen desde hace  más de cuatro mil años de haberse entregado a los humanos, desde Abraham (Gen.12), pasando por Moisés (Ex.3), vitalizados por Jesucristo (en los 4 Evangelios), difundidos por los Apóstoles (Hechos) y evangelizadores de todos los tiempos, cultivados por los Padres de las Casas en América, en el gran Tolima por Mons. Esteban Rojas, impulsados por el Papa Francisco desde Roma, y, con eficiente apostolado, ahora en Bogotá, por el Cardenal Salazar.

         En determinados momentos nos aterra ver que, a pesar de esa tesonera labor, también como que se desmorona nuestra sociedad, como en los brotes vandálicos del 9 de abril de 1948, que sobresaltaron el corazón del santo Arzobispo Ismael Perdomo, o la demencial y bárbara violencia que se practica en nuestra época, aún en nuestros días, a pesar de las promesas de cambio de sus propulsores en la Habana. Pero sabemos que en la inmensa mayoría de nuestras gentes están inarrancables las convicciones cristianas, y es allí, y en la oración confiada en Dios, en donde ponemos plena esperanza, y está  allí, y no en acuerdos periféricos, la base verdadera y esperanzadora para el futuro de nuestros pueblos. (Continuará).