Ante el don sagrado de la vida (VI)
Llevados por el confortante “asombro” que nos da el acercarnos al tema de la vida iluminada por el mensaje cristiano, es entusiasmador seguir en este Nuevo Año en pos de las enseñanzas de Juan Pablo II en su extraordinaria Encíclica “EVANGELIO DE LA VIDA”.
Continuaremos centrándonos en
en el Capítulo II en el que se profundiza, de nuevo, lo fundamental de la misión de Jesucristo, al llevarnos a los humanos a que “tengamos vida y la tengamos en abundancia”, (Jn. 10,10). Para que se consiga esa magnifica realidad, en cada persona, es definitivo que ella misma, conocedora de quién es Jesucristo, comprenda y acepte que El es “camino, verdad y vida” (Jn. 14,6). Así, exaltada la vida por la unidad con El, que se insertó en la familia humana, sentiremos y viviremos, alegre y conscientemente, todo el valor de nuestra vida (n.29).
Colocados en esa dimensión, que no nos dé reparo decirlo en alta voz pues en el cristianismo, con esa exaltación que da el Hijo de Dios hecho hombre al insertarse en la humanidad, estamos en proyección a tener los humanos “vida divina y eterna”, pues “es el fin al que está orientado y llamado el hombre” (n.30 b). Con esta magnifica y real exaltación de la vida, no hundida en lo meramente terreno y carnal, se abre paso a la liberación de la esclavitud de esas deleznables ataduras, dando inicio a una “historia nueva” que se enriquece en el descubrimiento de un Dios de bondad y de plena vida, y de la preciosa realidad de la vida humana unida a El dentro de sus planes sobre los seres humanos (n.31 b).
Al ser conscientes de esa gran realidad, se comprende la necesidad de romper con todo cuanto aleja de Dios y de su ley, el pecado, y dar paso a la conversión a un vivir en paz amistad con Dios, con un reconocimiento humilde de los propias flaquezas y una invocación a quien ha venido a salvar a los pecadores arrepentidos (Luc. 5,31) (n.32 c).
Pero no es solamente estar libres de enfermedad, no es solo sentir que se tiene vida, sino que en ella, unida a los planes divinos, se eche adelante la obra iniciada por el Creador, para cuya complementación crea a los seres humanos quienes coloca en este precioso jardín, la tierra, “para que la laborara y cuidará” (Gen. 2,15). (Continuará)
Presidente del Tribunal Ecco. Nal.
