Andrés Felipe Arias, crónica de una fuga anunciada
El caso del exministro de la cartera de Agricultura del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, que va a ser condenado por la Corte Suprema de Justicia por los hechos del programa Agro Ingreso Seguro, deja a todos sin ninguna explicación.
Porque no se entiende cómo los gobernantes de turno, cuando ejercen el poder se pavonean haciendo alarde de las bondades de la democracia colombiana, pero son ellos los que se encargan de enviarle un mensaje equivocado a la mayoría de los ciudadanos. Hablan que la esencia de la democracia se sustenta en la división de poderes, desde donde se ejerce los pesos y contrapesos. Pero cuando ellos se sienten afectados o “tocados” hablando en términos populares por sus malas actuaciones entonces aducen todo tipo de argucias para esquivar las decisiones judiciales.
Eso fue exactamente lo que paso con el excomisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo y la exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado, esta última perdió el asilo porque se demostró que no es una perseguida política sino que sus actuaciones son precisamente por abuso de poder al provecharse de su cargo para expiar a los opositores.
Lo grave de la situación presentada es el nivel de desinstitucionalización y de pérdida de legitimidad de las instancias que deberían tener la imagen de respeto y confianza de parte de los ciudadanos del común, es allí donde radica en esencia las características de un Estado moderno y democrático y no únicamente en la existencia de los poderes. Es muy lamentable que los que gobiernan el país, abusen de él y cuando la justicia investiga y actúa contra esas malas acciones se fugan.
Es el comportamiento típico del bandido, delincuente o pillo en el bajo mundo. En Colombia ser funcionario público debería ser un honor, pero pienso que hemos llegado a la triste realidad que las personas honestas, transparentes y cumplidoras le temen llegar a ocupar cualquier cargo en la administración pública porque es motivo de desprestigio. Sin llegar a creer tampoco que el sector privado no tenga las mismas situaciones. El mal ejemplo y la pérdida de valores allí también han hecho carrera y los casos también abundan.
Lo sucedido con los exfuncionarios del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, también ha pasado en otros gobiernos, recuerdo en el periodo de Ernesto Samper, Andrés Pastrana y de ahí hacia atrás casi nadie se salva. Es una prueba más para que el país empiece una gran transformación social y cultural con las nuevas generaciones porque las nacidas en el periodo de la violencia han demostrado estar impregnadas y lastradas de los vejámenes y formas más atrasadas de gobernanza. Se requiere un gran salto y ese lo damos cuando hayamos emprendido el cambios por lo menos con dos o tres generaciones, contando eso sí, con la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y la insurgencia de las Farc y el ELN.
El reto entonces es como se logra sentar las bases para que en cincuenta años los colombianos estén disfrutando de los beneficios de haber nacido en un país en paz y no en guerra.
