Alvaro Ramos Vidal
Orlando Mosquera Botello
La contabilidad es el motor de toda actividad económica, es fuente primordial de información en toda empresa, facilita la planificación, promueve la creación y colocación eficiente de capitales. El contador debe tener la capacidad de interpretar fenómenos económicos que se desarrollan en su entorno, y tener amplios conocimientos de legislación tributaria.
La carrera de contador como muchas otras profesiones, tuvo origen empírico. En los primeros años del siglo XX, hubo esfuerzos por vincular la enseñanza del comercio a las instituciones de educación superior, este intento solo logra alcanzar pocos alumnos en aulas de colegios religiosos.
En la década del 50 se debate mucho sobre su ejercicio como profesión, reglamentación y forma de enseñanza. Logra el rango de profesión universitaria gracias a la Ley 145 de 1960, norma de transición que señala una sola clase de contadores públicos que podrán ser titulados o autorizados. Los primeros egresados de universidad reconocida oficialmente, los segundos autorizados tras haber ejercido la profesión durante un tiempo mínimo de tres años, y aprobar examen señalado por el gobierno.
La norma también exigía ser colombiano de nacimiento o en su defecto haber vivido en nuestro país un tiempo no menor a cinco años. Desde luego, acreditar solvencia moral con declaraciones juramentadas de tres personas, preferiblemente de aquellas con las cuales el interesado había trabajado, y no haber sido sancionado disciplinariamente por faltas contra la ética profesional.
Anterior a dicha ley, se obtenía matrícula de Contador Público Juramentado, con la Junta Central de Contadores de acuerdo a los Decretos 2373 de 1956, 0025 de 1957 y 0099 de 1958, o poseer el título expedido por la Superintendencia de Sociedades Anónimas.
Álvaro Ramos Vidal es el único Contador que sobrevive a dicha época en el Huila, profesión que ejerce a sus 88 años con plena lucidez mental, salud envidiable e integridad ética ejemplar. Pocas personas con tanta vitalidad y vocación por dicho tema. Hombre de fe que se ha destacado como buen hijo, cohesionador familiar admirado al máximo por sus hermanos, esposo ejemplar, padre amoroso dedicado plenamente a sus hijos y amigo servicial con generosidad desbordante.
Nació en el Hobo el 3 de abril de 1938, en el hogar conformado por don Jacinto Ramos García -reconocido profesor de los colegios Salesiano san Medardo y Nacional de Santa Librada, y doña Josefita Vidal de Ramos. Fue el cuarto entre catorce hermanos: Fidelita, Humberto, Ana Vetulia, Álvaro, Beatriz, Manuel Antonio, Nidia, Víctor, Rebeca, Mery, Héctor, Amanda y Jacinto, todos distinguidos por su honorabilidad, amabilidad y unidad familiar.
Dicho municipio que por entonces era pequeño y tranquilo, por su ubicación geográfica, paisajes y vecindario con el embalse de la Represa de Betania hoy, se ha convertido en las últimas cuatro décadas en especial destino turístico y uno de los centros piscícolas más importantes del país.
Estudio la primaria en el Hobo y su bachillerato en el Colegio Nacional de Santa Librada, cuando Rogelio Erazo era su rector y profesor de Filosofía. Allí tuvo por condiscípulos a Luis María Charry, Jaime Cerquera Salazar, Mario Aguirre, Ambrosio Hueje, y Mario Afanador Tovar, entre otros.
Muy joven se vinculó a la Administración de Impuestos Nacionales -hoy Unidad Administrativa Especial llamada Dirección de Impuestos y Aduana Nacionales DIAN-, donde tuvo por compañeros de trabajo a Azael Cano, Aníbal Velásquez, Eugenio Olivera, Jairo Sánchez Amaya, Lucila Pérez, Álvaro Casas Ortiz y Berenice Quintero, -esta última, quien fuera esposa de Jaime Torres Ortiz, el supuesto “Embajador de la India”.
Allí laboró durante 15 años como experto liquidador, dando muestras de gran capacidad y agilidad en su oficio, manteniendo al día su complejo y delicado oficio. Esta probidad se la tuvieron en cuenta para enviarlo varias veces en comisión a Cali, Bogotá, Bucaramanga, e Ibagué, para poner al día los expedientes acumulados en estas ciudades.
En 1952 se retiró para ser Pagador del Municipio de Neiva, cargo que ocupó con solvencia durante dos años. En 1953 contrajo matrimonio con la dama Lucy Vargas Anzola, hija de Miguel Ángel Vargas Manrique -entonces Delegado de la Registraduría Nacional del Estado Civil-, y doña Elvia Anzola, dama nacida en Anolaima (Cundinamarca). Tuvieron siete hijos: María Patricia, Carlos Alberto, Miguel Ángel, Álvaro, Lucy, Rodrigo y Harold.
Retornó de nuevo a la DIAN cuando Rubén Amaya era su Director, quien le dio el consejo que se independizara para que ejerciera como Contador Público. Era la época del Gobierno de Carlos Lleras Restrepo que impulsó la reforma agraria, suprimió el mercado libre de divisas, eliminó la diversidad de tasas de cambio, reguló la inversión extranjera, buscó la industrialización, inició la interconexión eléctrica en todo el país, introdujo la Reforma Constitucional de 1968 con el objetivo de darle mayor poder al Sector Ejecutivo, estableció el impuesto de Retención en la Fuente, y la renta presuntiva para castigar los capitales inactivos, agilizando a la vez el aparato administrativo, haciendo seguimiento celoso a las declaraciones de renta. El Huila gozaba de una extraordinaria bonanza agrícola, ganadera y de construcción.
Álvaro Ramos instaló su oficina en el edificio “Camilo Perdomo Cabrera”, ubicado en la carrera sexta entre calles séptima y octava, donde comenzó a cultivar una selecta clientela que lo ha acompañado por más de 60 años, de la que hacía parte un buen número de agroindustriales yaguareños, cuando dicho municipio era la Capital Ganadera del Huila y uno de los municipios de mayor producción arrocera. A la vez tuvo oficina en Florencia -Caquetá- y clientela de personajes de todos los municipios huilenses. Reinaldo y Milciades Manrique, Molino Las Ceibas, y Milciades Polanía, entre otros, fueron sus primeros clientes.
Con el tiempo llevó su oficina a su amplia casa en el barrio El Quirinal, pero mudado de allí, la mantiene abierta en lugar estratégico de la ciudad, con muebles modernos, aire acondicionado, marcos de los que penden pergaminos de cursos recibidos y una decoración acogedora para el tiempo actual.
También lo ha engolosinado el campo, motivo por el cual ha tenido varias fincas, entre ellas San Francisco, hoy la Hermosa, donde ha tenido ganado y ha cultivado arroz, algodón y sorgo. De sensibilidad admirable, y vocación de servicio para con todo el mundo. Aunque es amigo de todo el mundo, Humberto, Hernando -fallecido recientemente-, Juan Manuel y Jairo González, han sido sus grandes amigos personales, y varios de ellos compañeros de confianza en sus jornadas contables. Es de admirar cuando uno llega a su oficina, captar el ambiente de optimismo como si uno se aproximara al bufete de un recién graduado, con ánimo de servir y trabajar, pues siempre ha vivido al día en los temas contables.
Valga hoy nuestro sencillo homenaje para Álvaro Ramos Vidal, el incansable contador, el vital amigo pausado, prudente, sensato, optimista, con el buen consejo y apunte jocoso a flor de labio, la risa y el gesto consolador para quien lo necesita. Siempre ha reflejado tranquilidad de conciencia por el deber cumplido, ese dominio propio no fácil de lograr, placidez que le permitirá vivir muchos años para ejemplo de nuevas generaciones.
